Mercedes-Benz CLA: casi mejor el 200 que el 220 CDI
Hasta con crisis, la nueva y llamativa berlina coupé de la estrella ha entrado con fuerza en el mercado español. Precios más o menos seductores y buen hacer general caracterizan a un conjunto que, en esta ocasión, comparamos en diésel y gasolina, con un saldo favorable para la segunda alternativa.
En cierto modo, y al tiempo que que su estrecheo rival de Audi, el A3 Sedan , el nuevo CLA de Mercedes-Benz , del que ofrecemos más detalles accediendo a esta galería y en el vídeo sobre estas líneas, ha estrenado un un nicho de mercado: el de las berlinas coupé Premium más accesibles y compactas. Y decimos en cierto modo porque a este ámbito también pertecene el Volkswagen CC , por ejemplo, anterior en el tiempo.
El CLA, casi casi un Mercedes-Benz CLS a escala, comparte la tecnología y buena parte de la arquitectura del Clase A de la estrella , y hasta del inminente todocamino compacto GLA .
Un coche de moda
Aunque para gustos los colores, es innegable que el CLA es de esos automóviles que llaman la atención por donde pasan. Nos cuentan en la marca que, incluso en España, no venden todos los que quieren por falta de unidades suministradas de fábrica, que de momento no da más de sí…
En todo caso, lo razonable de sus precios de salida (a partir de 31.500 euros en gasolina y de 33.400 euros en diésel), lo elitista del producto y hasta lo deportivo y, digamos, seductor de sus líneas y soluciones estéticas (puertas sin marco, entre otras, aún con una caída tres cuartos trasera un tanto discutible) han cuajado una fórmula que parece gustar, y mucho.
Y eso que el CLA, para muchos el Mercedes de moda, es hasta cierto punto atípico. Su calidad no es la habitual en los grandes referentes de la marca, o al menos no tan rigurosa como en aquellos, con detalles poco vistosos como un capó soportado por una varilla (en lugar de un cilindro) al abrir, un maletero de boca estrecha y formas irregulares (los asientos traseros son abatibles), climatizador mal posicionado (bajo y alejado) de una sola zona o una robustez general que, sobre todo cuando rebasamos firmes particularmente deteriorados a buen ritmo, o cerramos las puertas o la tapa del maletero, no se aprecia tan consistente como la de, sin ir más lejos, la Clase C de la marca germana.
Pero no nos engañemos, está bien presentado y ensamblado, y aunque quizá resulta algo «frío» de puertas hacia dentro (como sucede en los Mercedes menos ostentosos) es confortable y despliega buena pisada. Por cierto, no es del todo accesible por lo que toca a las plazas traseras (mejor para 2 que para 3) por la acusada caída del techo y lo escueto de las puertas. Es más, puede que algunos sientan un pelín de claustrofobia por lo afilado de las ventanillas, «mal» clásico de los coupés, y los voluminosos asientos delanteros, con reposacabezas integrados.
Lo hemos comparado en variantes de gasolina 200 y gasóleo 220 CDI, ésta asociada como única opción a un excelente cambio automático y secuencial 7G-DCT de 7 marchas (opcional por 2.000 euros en el primero, que viene con caja manual de 6 relaciones y tacto correcto).
El 200 se sirve de un pequeño 1.6 de 4 cilindros que suma turbocompresor, todo un «invento» para llegar a 156 CV y 250 Nm de par máximo. Con esos valores, y un peso que ronda 1.400 kg con conductor a bordo, se defiende de maravilla, incluso ante largos y acusados repechos o adelantando, pues su notable reprís permite ganar ritmo y velocidad en un «pis pas». Además, el consumo no se resiente: anuncia 5,5 l/100 km, si bien lo normal es moverlo por debajo de 8 ante uso desenfadado, que tampoco está mal.
En contraposición, el turbodiésel 220 CDI, curiosamente más silencioso, despliega poderío con 170 CV y, sobre todo, a partir de un par límite de 350 Nm. Es más pesado (130 kg), pero en marcha va por el estilo, como avalan una velocidad punta idéntica (230 km/h) y un paso de 0 a 100 km/h (aceleración pura) casi calcado: 8,2 segundos el CDI y medio segundo más el CLA 220.
Eso sí, su gasto es más comedido, de forma que resulta difícil subirlo de 6 l/100 km (anuncia 4,2), salvo que practiquemos de continuo una conducción «al ataque» o pasemos horas sumergidos en atascos.
Demasiada diferencia
Lo que pasa, y aquí reside la cuestión, es que cuesta 2.478 euros más equiparándolos en caja de cambios, o 4.500 euros valorando la opción manual del gasolina. Eso supone que, con los actuales precios de los carburantes, amortizar el diésel implicará completar 225.000 km (casi la vida útil del coche) ó 113.000 km si contamos el gasto real. Automáticos ambos estamos casi en las mismas: 124.000 km con gasto oficial y 62.000 km si tomamos en consideración el consumo real.
En otras palabras: haciendo unos 15.000 km al año no tardaremos menos de 48 meses, en el mejor de los casos, en lograr que el diésel CDI salga más a cuenta. Y no es poco, la verdad…
Por lo demás, son simétricos por dinámica (muy fáciles de conducir, se llevan con un dedo, gracias en parte a su tracción delantera, pese a contar con un sencillo paralelogramo deformable en el eje trasero, y son ágiles en tramos de curvas), con un dinámica como decíamos aplomada, buena dirección (paramétrica, ofrece más resistencia a mayor velocidad) y frenos mordaces. Un acierto todo ello.
En cuanto al equipamiento, justo: alerta por cansancio, sistema de advertencia de colisiones, airbag de rodillas para el conductor, ESP o aire acondicionado son de serie, pero para contar con otros como control de velocidad Tempomat, el volante multifunción o los airbag de cortina hay que pagar casi 660 euros por el pack Urban, el climatizador son cerca de 700 euros, 3.800 euros el navegador con sistema Comand Online y 575 el Bluetooth, por no entrar en mayores detalles...
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