sánchez: segundos fuera
Sánchez, Pogacar y las murallas de Lugo
Todo apunta a que no puede más. El miércoles le vimos ausente en el debate y hoy dio síntomas de agotamiento en la entrevista de Ferreras
Yolanda y Abascal debaten delante de Sánchez (20/07/2023)
Pedro no puede más y yo lo comprendo. Frente a lo que se pueda pensar, una campaña es algo muy duro que supone un gran desgaste físico y mental y donde el estrés y el cansancio tarde o temprano acaban por aparecer. No tengo ningún ... problema en reconocer que, tras quince días de ciudad en ciudad, yo mismo estoy cansado. Y eso que me limito a escribir y viajar. El presidente, además de eso, venía de lo que venía y se ha chupado dos debates, un viaje a Lituania, dos viajes de ida y vuelta a Bruselas para asumir la presidencia de turno de la UE, ha dado ocho mítines, no sé cuántas entrevistas y les aseguro que compaginar todo eso no debe de ser algo sencillo.
Por muy presidente del gobierno que uno sea, por encima de todo, es un ser humano. Posiblemente un ser humano al borde del colapso que, por si fuera poco, se desayuna cada mañana con unas encuestas que le dicen que le quedan dos telediarios –literalmente–, que va a perder La Moncloa y que es el responsable último de que su partido haya perdido todo el poder autonómico y municipal y de que el PP ya reparta cargos como quien reparte una herencia. Es decir, que del cansancio extremo surge, como una brizna de hierba negra, el miedo atroz. Y lo peor: ni siquiera puede pensar en descansar ni tiene el horizonte del fin de semana para decir que lo peor ha pasado. A partir del lunes, empieza otra guerra, la de verdad, la de gestionar los escenarios de la previsible derrota y la de preparar una estrategia. Es decir: tenemos un hombre exhausto, estresado, que por el día finge que va a ganar y por la noche prepara la derrota y diseña el plan para controlar un partido que tiene ya entre los dientes el puñal y, en la cara, los colores de guerra. Dicen que todo está calmado, que no hay indios a la vista, y a mí esto me recuerda a Fort Apache, cuando Henry Fonda dice que «viniendo hacia aquí he visto algunos apaches» y John Wayne le responde que «si los ha visto, no son apaches». Esto es igual: si los has visto, no son enemigos. Los que van a traicionarle, hoy se encuentran en las primeras filas de cada mitin aplaudiéndole a rabiar.
Y les cuento todo esto porque, justo antes de llegar a Lugo, nos enterábamos de que el presidente había suspendido las entrevistas de este viernes en Antena 3 y en Canal Sur por 'problemas de agenda'. Por supuesto, no es cierto. Todo apunta a que no puede más. El miércoles le vimos ausente en el debate y este jueves dio síntomas de agotamiento en la entrevista de Ferreras, mostrando un rostro muy cansado y pidiendo a gritos que esto termine cuanto antes. De modo que, supongo, han tenido que priorizar. Y evidentemente, Antena 3 y Canal Sur eran las entrevistas más complicadas para él. Fundamentalmente, la segunda. Es difícil explicar allí por qué no has pisado Andalucía en toda la campaña, por qué han pasado de gobernar de modo sistémico a una mayoría absoluta del PP, por qué no tienen ni una sola capital de provincia, qué pasa con los ERES. Aunque lo mismo se preguntarán en las islas, en Castilla y León, en Castilla La Mancha, en Extremadura, en Murcia, en Navarra, en Asturias o La Rioja. Ni pisar. Ni parar a tomar un café.
Así que Sánchez se ha hecho un Pogacar, se ha hundido en la subida al Col de la Loze, le ha entrado una pájara del tamaño de un quebrantahuesos y se viene a Lugo a dar un mitin de circunstancias, un mero trámite para decirnos que, frente a la derecha y la ultraderecha, él ocupa la centralidad. Él, el de los pactos con ERC y Bildu, el que gobierna con comunistas. Curiosa centralidad. Y nos dice que hay que elegir entre él o el machismo. Él, el del partido de Tito Berni y los burdeles de Andalucía que, si realmente quiere luchar contra el machismo podría empezar por disolverse. Y nos cuenta, para terminar, que el PP está desfondado. Él, el hombre cansado. Y le miro las ojeras mientras se ríen del cansancio ajeno y de las lumbalgias de los demás y pienso que no tiene remedio, que será así hasta el final y que no es capaz de mostrar empatía ni siquiera consigo mismo. Y, entonces, pienso que quizá no ha venido a Lugo a pedir el voto sino solamente a aprender cómo se construye una muralla.
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