Atletismo
María Pérez logra el segundo oro de la marcha española en Budapest
Mundiales de Budapest
La granadina se convierte con autoridad en la nueva campeona del mundo en los 20 kilómetros
La versión 5.0 de María Pérez
Países Bajos pierde dos oros en quince minutos por sendas caídas en la recta de meta

Se ponía la gorra, se la quitaba, se la echaba para atrás... María Pérez tragaba kilómetros en mitad del grupo de favoritas y parecía que el cuerpo, o la ansiedad, le pedía dar el golpe. Así de claro tenía, incluso antes de empezar, que era el día para convertirse en campeona del mundo. Tan claro que hasta le costó conciliar el sueño. Metida en la cama desde las ocho y media veía las horas pasar. Las diez, las once, las doce... Al final se apoyó en la melatonina y pudo descansar cuatro horas. «Hacía que no tenía nervios muchísimos años», reconocía más tarde. Hasta perdió las gafas antes de salir del hotel.
Pero esos nervios los supo templar después, cuando a las siete y cuarto se lanzó la prueba y dejó hacer a Kimberly García, la peruana, defensora del título. También oro en los pasados 35 kilómetros de Oregon. Fue quien lideró desde el principio pero con un ritmo cómodo, al menos para las favoritas, entre las que también estaban la italiana Antonella Palmisano, la australiana Jemima Montag o la mexicana González.
María fue paciente. A veces se echaba hacia delante, para dejarse ver. Otras se agazapaba. Pero no aceleró hasta que lo vio claro. Fue a falta de cinco kilómetros. Ahí sí, de acuerdo con su entrenador, Jacinto Garzón, la granadina subió el ritmo. El consejo se lo había dado a ambos Carrillo, el entrenador de Álvaro Martín. «Cuando ataques, que sea de verdad». Y María hizo caso. Sufrió un pequeño tirón en los isquios del muslo izquierdo, pero ni eso le llevó a recular. Aumentó la cadencia y puso a las siete de delante en fila de a uno. Y se fue separando. Solo le siguió Montag, la australiana, que vio en la zancada de María el oro ya dibujado. Ella no quiso que se le escapase la plata.
María, granadina de Orce, tuvo tiempo para pensar en la celebración, en el insólito curso pasado, amargo por las descalificaciones consecutivas tanto en el Mundial como en el Europeo. En ese invierno plagado de emociones, alejada de la marcha por decisión propia, celebrando su boda con Noe. Y pensó también en el regreso, en la necesidad de cambiar su técnica para no ser pasto de los jueces. Desde enero lleva trabajando en ese nuevo braceo, en equilibrar al máximo su centro de gravedad y en prolongar su zancada.
Ya vio los frutos en mayo, cuando mejoró el récord del mundo de 35 kilómetros. Y este oro es la confirmación de que todo el trabajo, todas las lágrimas, han merecido la pena. De estos 20 kilómetros se va con la medalla y ni una sola amonestación. Inmaculada. Un regreso a lo grande. «María tiene el carácter de haberse forjado ella misma y con su familia. Es gente muy trabajadora, muy luchadora. Es un triunfo también de eso, de esa España despoblada, de esos pueblos donde es muy difícil salir adelante», resume Garzón.
Pérez entró en la meta elevando por segunda vez la bandera española sobre la Plaza de los Héroes de Budapest. Montag, segunda, entró a 25 segundos, mientras que Palmisano le ganó a Kimberly García la pelea por el bronce.
El abrazo con Garzón fue épico. La campeona se derrumbó, incapaz de contener el llanto. Solo ellos saben lo que han trabajado para vivir ese momento juntos. El técnico, igual de emocionado, enseñaba las estampitas que llevaba como amuleto. La primera, de nuevo, propiedad de Carrillo, cedida para la ocasión.
«No hay mejor manera de volver», reflexionaba María al acabar, recordando la forma tan cruel en la que se torció el curso pasado, cómo de repente su técnica de marcha ya no convencía a los jueces. «Y eso pasaba por no echarle la culpa a nadie. La culpa fue mía y así lo he asumido. Solo tengo palabras de agradecimiento para mi familia, para mi equipo de trabajo. Y, en especial para Beatriz Pascual y a Josep Marín por ayudar, por acompañarme».
Ellos, Pascual y Marín, son las dos leyendas en las que se apoyó para reinventarse. Una, por afinidad incluso de carácter. El otro, por ser un pozo de sabiduría y un referente de la marcha mundial. Con todos sus consejos, más los de mucha más gente, Garzón y ella fueron puliendo cada detalle, mejorando y afinando.
España sigue reivindicando la marcha a ritmo de oro. Dominadores del 20 kilómetros después de que Álvaro Martín enseñase el camino a María el sábado. La única duda es si la granadina podrá acompañar al extremeño en el objetivo común del doblete en los 35 kilómetros. Su problemas en los isquios derivó en una microrrotura, y no tiene claro si arriesgará.
El oro de María Pérez es el segundo femenino para España en toda la historia de los Mundiales después del conquistado por Niurka Montalvo en longitud en Sevilla 1999.
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