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pincho de tortilla y caña

La cancelación ha muerto, ¡viva el exterminio!

Trump era el 'sheriff' que estaban esperando como agua de mayo

Los males del mundo

El discurso del ego

Luis Herrero

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Ahora es más fácil decirlo, pero Trump siempre me ha caído como una patada en el estómago. A mi alrededor, no pocos hijos de vecino hablaban de él con admiración. Les gustaba que plantara cara a la moda de lo políticamente correcto, que no se ... amilanara ante el discurso de la izquierda, que quisiera poblar de cocodrilos las aguas del río Grande (entiéndase la metáfora), que rebautizara con otro nombre el golfo de México o que desafiara a sus detractores sin hincar la barbilla en el esternón. «Ha vuelto el hombre», decían. Por fin un líder como Dios manda. Admiraban su falta de complejos y su determinación para aplastar la tiranía 'woke', rehabilitar a los cancelados y enarbolar la bandera de la verdadera libertad. Gracias a él –proclamaban– ya no será obligatorio comulgar con la igualdad de género, el cambio climático o el Black Lives Matter. Se podrá ser blanco, conservador y heterosexual sin caminar por la acera de los sospechosos. Ese era el 'sheriff' que estaban esperando como agua de mayo. Pues bien, ya ha llegado. Y nada más hacerlo, fiel a su estilo de matón de cantina, ha dado un puñetazo en la mesa y ha puesto patas arriba el viejo orden internacional. La divina Providencia lo ha puesto en la Casa Blanca para librarnos de la Tercera Guerra Mundial, que estaba a un cuarto de hora de mandarnos a todos a pudrir malvas. Ahora, con él en el despacho oval, ya podemos dormir tranquilos. Estábamos equivocados: el autoritarismo expansionista de un dictador formado e inspirado por la Unión Soviética ya no constituye una amenaza y, por lo tanto, no hay que malgastar tiempo y dinero en pararle los pies. El actual equilibrio geoestratégico se inspira en principios obsoletos y hay que apresurarse a modificarlos, aunque eso suponga blanquear a Putin, fulminar a Zelenski, trasladar a los zánganos europeos al rincón de la irrelevancia y favorecer una paz manifiestamente injusta. Para ser honestos, Trump ya había anunciado que pensaba ir por ese camino. Su objetivo prioritario siempre ha sido confrontar con China y para eso era necesario contentar a Rusia. Lo más llamativo no es lo poco que ha tardado en pasar a la acción, sino la pasmosa facilidad con que ha conseguido que los suyos lo secunden sin rechistar. Hace un año, el senador John Thune sostenía que «el liderazgo estadounidense es más necesario hoy que en cualquier otro momento de la historia reciente y necesitamos asegurarnos de que Ucrania tiene el armamento y los recursos necesarios para derrotar a los rusos». Ahora es líder de la mayoría republicana en la Cámara Alta. Otros halcones del partido, muy combativos con Rusia, llamaban a Putin «matón», «líder ilegítimo» y «criminal de guerra». Algunos incluso llegaron a sugerir que era necesario asesinarlo. Ahora ven con buenos ojos sentarse a negociar con él. El hombre que dijo que venía a penalizar la sumisión grupal en favor de la libertad individual ha convertido su partido en un rebaño borreguil de mansos síseñores. Pincho de tortilla y caña que a quien se mueva lo extermina. Bonita manera de acabar con la cancelación.

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