Un bidón de gasolina
La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina. No sé si esta descripción de la ministra de Cultura se debe al ingenio de uno de los blogueros que se reunió con ella el jueves o es producto de la agudeza del propio autor de la información de este diario, pero se trata de una metáfora certera. Certera, pero incompleta.
La responsabilidad del incendio provocado por una nueva muestra de la ineptitud de este gobierno en el manejo de materias altamente inflamables, una más de la media docena que se le han presentado sólo en los últimos días, corresponde a quién confió a manos tan inexpertas el bidón de gasolina. La cerilla, esa sí, la puso la ministra.
La lucha contra la piratería es una cosa demasiado seria, y afecta a asuntos tan importantes como la protección de derechos fundamentales y la expansión de las nuevas tecnologías, como para despacharla en un atolondrado cambio normativo que se cuela de matute en la más disparatada ley ómnibus de los últimos tiempos: la de la pretendida economía sostenible («insostenible», corregía «The Economist»).
El fenómeno es universal y no se detendrá en el estadio en que lo conocemos hoy. Un estudio interdisciplinar y un debate como que se está produciendo a posteriori habrían debido preceder a cualquier modificación legal. En su ausencia, la conclusión de que este gobierno actúa a impulsos de las necesidades de sus apoyos electorales no es una temeridad.
Piratería en la red, crucifijos, Aminatu Haidar. Da igual la materia, el problema casi siempre es el mismo: un estilo de gobierno caracterizado por la falta de coordinación ministerial, por la improvisación, por el terror a la impopularidad y por el impacto del último sondeo de opinión.
¿Pero es que nadie en el Consejo de Ministros se había leído el texto antes de que los blogueros incendiaran la red?
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