Carta de Fátima desde Omán: «Mamá, me mintieron»
ABC publica una misiva de la joven española condenada a cadena perpetua en Omán a su madre
Su familia se agarra a la esperanza del indulto mientras el Ministerio de Exteriores negocia su extradición
Se llama Rosario Reyes , pero se presenta como «la Chari». A primera vista, se la ve una mujer humilde, fuerte pero algo desubicada tratando con abogados y periodistas. Sus manos hablan por ella y revelan el sufrimiento inenarrable que viene padeciendo esta madre ... desde el 12 de agosto de 2018, cuando su hija, Fátima Ofkir Reyes, fue detenida en un hotel en Omán con una maleta cargada con siete kilos de morfina, un derivado de la heroína. Su «niña» tenía 18 años en ese momento. Lleva desde entonces casi aislada en una prisión de mujeres de Mascate.
Rosario agarra con fuerza el retrato de su hija y lo besa sin demasiado disimulo mientras explica su calvario a ABC. « Tengo que ser fuerte, no quiero drama, pero estoy rota », se repite. Su hija, a 5.000 kilómetros, se fue de forma inesperada, supuestamente de fin de semana con una amiga. Hoy, se mantiene conectada a ella por un fino cordón de llamadas fugaces, mensajes –casi– codificados que deben superar un laberinto de abogados, diplomáticos, policías y carceleros y alguna carta, como la que Chari recibió de Omán esta Navidad y que aporta ahora para que los lectores entiendan su dolor.
«Mamá, te echo mucho de menos, ya sé que he cometido un error y que me mintieron, pero quiero verte de nuevo, ver a mi gente, quiero jugar softball, tener hijos, tengo miedo de morir aquí, en una cárcel del Medio Oriente, a 30.000 kilómetros de los míos, de ti, de L’Hospitalet, de España». Así empieza la misiva que Fátima , acusada y condenada en sentencia firme por un delito de tráfico de drogas, entregó a sus carceleros, que después de leerla, la hicieron llegar a la Embajada española en Mascate, que la envió a su vez a Rosario.

En sus líneas, Fátima pide perdón una y otra vez, agradece a su madre que haya enterrado las viejas rencillas y se esté entregando en cuerpo y alma a la titánica labor de traerla a España aunque no existe ningún tratado de extradición entre el país y este sultanato árabe de nueve millones de habitantes. «No quiero ser así, no soy así, no era así, y tengo miedo de no verte más». La joven española no sabe aún que está condenada a cadena perpetua y describe un día a día cargado de monotonía, frío e incertidumbre en Omán . «Dos años y cuatro meses», calcula ella que lleva en una prisión en la que los días se suceden inmutables.
Laberinto diplomático
Semana a semana vamos conociendo nuevos detalles de la cadena de infortunios que llevó a Fátima a Omán. Malas amistades, algún desengaño amoroso, un viaje de eno rme riesgo con la idea de conseguir unos pocos cientos de euros para ayudar en casa y un cúmulo de errores procesales que tienen como consecuencia un complicado embrollo jurídico y diplomático para traer a la joven de vuelta a España.
Fuentes del Ministerio de Exteriores consultadas por ABC confirman que se está trabajando intensamente en el caso. Asimismo, explican que la delegación española en Omán, comandada por María Luisa Huidobro Martín-Laborda , se está haciendo cargo de la manutención de Fátima en el país y que el equipo consular la ha visitado hasta en 17 ocasiones desde el inicio de su condena. «No hay un convenio bilateral de traslado de presos entre Omán y España, pero la embajada, en coordinación con el ministerio, está impulsando una negociación a tal efecto para que se permita en un futuro el traslado de Fátima y que cumpla el resto de su condena en España», explicó a este diario un portavoz de Exteriores.
Fallos engaños y lagunas
Con todo, tanto el relato de Fátima como las gestiones para permitir su pronto regreso al país –su defensa recuerda que ella es una de las presas españolas más jóvenes cumpliendo condena en una cárcel extranjera– presentan incógnitas y contradicciones. La principal, saber qué falló para que la joven fuera condenada en sentencia firme sin que su familia lo supiera, impidiendo así que pudiera presentar recursos, hecho que dificulta más aún su situación.
Otro elemento que distorsiona la historia es la figura del primer «abogado» que tuvo la joven . Según ha podido saber ABC, no era un letrado como tal, sino una suerte de buscavidas que delegó el caso en un despacho omaní que cometió incontables errores. Otro punto importante es saber si Fátima está a tiempo de obtener un indulto ( la semana pasada el sultán perdonó a cientos de presos ) que ponga fin al paso de la joven en Omán. Ella, mantiene su fe: «Nos vemos pronto, mamá».
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