La UE puede hacer mucho daño a Trump con aranceles a la soja, pero España pagará el precio
Los fabricantes de piensos prevén que la carne se encarecerá si la Comisión impone un gravamen del 25%
«No queremos una guerra comercial porque no nos interesa», explica a ABC el 'lobby' de los exportadores estadounidenses
Los bodegueros españoles afrontan el «desastre» de los aranceles y buscan nuevos mercados

La Comisión Europea ha incluido la soja en el paquete de productos estadounidenses que amenaza con gravar como respuesta al arancel sobre las importaciones de acero y aluminio impuesto por la administración Trump. Junto a las oleaginosas, en la lista también están las motocicletas ... Harley-Davidson, los vaqueros Levi's o la madera, bienes de alto valor simbólico y que en muchos casos se fabrican principalmente en estados que votan republicano. El objetivo del Ejecutivo comunitario –y así lo publicitó– era ser más astutos que Trump y golpearle «donde más duele», dijo una fuente del organismo que preside Ursula Von der Leyen. Sin embargo, en un mundo globalizado siempre hay alguien que pierde con las guerras comerciales, y en este caso será España.
La Comisión no se equivoca, un arancel a la soja –se prevé del 25%– tendría un efecto catastrófico sobre el campo estadounidense, pues es el principal producto que exporta. Más aún después de que a inicios de marzo China decidiera gravar con un 10% las importaciones de esta planta desde EE.UU., pues más de la mitad de los fletes que envía ese país van al Gigante Asiático (12.840 millones de dólares en 2024, según el Departamento de Agricultura de EE.UU.). El segundo puesto en el ránking lo ocupa la UE, con compras por valor de 2.430 millones de dólares en 2024. Es decir, que en un mes a los granjeros americanos se les podría complicar el acceso a sus dos mercados fundamentales, con el consiguiente desplome de precios.
Esto no sería un problema para España si no fuera porque la mitad de la soja que adquiere viene de EE.UU. Es un insumo esencial para la fabricación de piensos, y nuestro país es el líder europeo en este sector; nada extraño tratándose del primer fabricante de carne de cerdo y el segundo de aviar. Como explica a ABC Pedro Cordero, presidente de la Federación Europea de Fabricantes de Piensos (Fefac), la razón de esta dependencia está en que esta oleaginosa apenas se cultiva en el Viejo Continente y no existe un equivalente en el mercado que tenga el mismo contenido proteínico (alrededor del 44%). Una de las pocas alternativas –aunque más cara– consiste en el uso de aditivos, pero en este momento la UE es deficitaria en este campo. De hecho, más de la mitad de los aminoácidos esenciales y vitaminas que necesita el sector se compran a China. Para más inri, a inicios de este año la Comisión inició un procedimiento antidumping contra Pekín por vender lisina (el aminoácido más usado por la industria de los piensos) por debajo de coste y castigó a este producto con aranceles que oscilan entre el 55% y el 85%, extremo que ha subido el precio.
Dado que China ya ha impuesto un gravamen a la soja de EE.UU., si la UE hace lo mismo el sector cárnico entrará en terreno desconocido, pues muy pronto las dos regiones podrían verse compitiendo por el 'stock' de Argentina y Brasil, los dos únicos países capaces de suplir la demanda. Según Pedro Cordero, Fefac ya advirtió a la Comisión sobre el peligro de una subida de precios que podría trasladarse a la carne y trató de disuadirla de usar la soja como arma, parece que con poco éxito.
El 'lobby' de la soja de EE.UU.: «queremos comercio libre»
Los productores estadounidenses también están presionando a su gobierno; en esa línea se han expresado tanto la American Soybean Association (ASA) como el US Soybean Export Council (USSEC). Y como explica a ABC Fernando Moraleda, que dirige la oficina de asuntos agrarios de la consultora LLYC, no es poca cosa, pues el de las oleaginosas es un 'lobby' muy influyente en el medio rural americano, que paradójicamente es un nicho de voto trumpista. En conversación con este diario, Rosalind Leeck, portavoz de USSEC, es muy clara: «No queremos una guerra comercial porque no nos interesa». En el recuerdo está lo sucedido en 2018, cuando la imposición de un arancel por parte de China se tradujo en pérdidas de 27.000 millones de dólares para el sector agroalimentario estadounidense, un 71% de las cuales las asumieron los productores de soja.
USSEC avisa de que esta vez las consecuencias serán peores, pues la producción en EE.UU. todavía no se ha recuperado de la andanada arancelaria de 2018. Con las disrupciones comerciales se pierden relaciones entre empresas «que luego cuesta recuperar», avisa la portavoz de USSEC. Y mientras esto ocurre, Brasil se frota las manos. Tras incrementar su producción a un ritmo del 5% anual en los últimos cinco años, se estima que en la cosecha de 2025/26 alcanzará un récord histórico de 173 millones de toneladas, extremo que lo confirmará como el primer productor mundial. Buena parte de esta nueva superficie de cultivo, por cierto, la han ganado a la selva amazónica. Una contradicción más, en fin, para una UE que pretende aplicar una ley antideforestación que le impedirá comprar bienes que se hayan elaborado a costa de los bosques.
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