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ABC Cultural

la barbitúrica de la semana

La Teresa de Ortiz

Su misticismo no atiende a la divinidad, sino al lenguaje

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Paula Ortiz conversa con Blanca Portillo durante el rodaje de 'Teresa' BTEAM
Karina Sainz Borgo

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A la Santa Teresa de Paula Ortiz la irriga la fuerza de las palabras que se escriben contra uno mismo. Es una búsqueda despellejada. Una película que envuelve como una membrana. Casi una obra de teatro inyectada en luz. Y digo casi porque los fotogramas emulsionan en la oscuridad de la sala de cine como una fantasmagoría sobre un escenario. La pantalla, al igual que la ventana cubierta por el telón, lo convierte todo en símbolo.

La Santa Teresa de Paula Ortiz se parece los árboles soleados de los que habla Ovidio en sus Metamorfosis: nos deslumbra y atraviesa. Basado en 'La lengua en pedazos', de Juan Mayorga, el guion de su película, recién estrenada hace apenas una semana, y escrito cuatro manos entre el dramaturgo y la cineasta exprime el castellano más potente. Si hasta parece que te lleva en brazos, que las palabras nos rodean como esa llama de amor viva de San Juan de la Cruz, que nos hiere hasta el más profundo centro.

Si la Teresa de Paula Ortiz sobrecoge es porque su misticismo no atiende a la divinidad, sino a la razón y al lenguaje. En esta película, cada visión es duda y exégesis. Teniendo para sí una Blanca Portillo destilada de sus mejores interpretaciones y a un Asier Etxeandía con la piel amasada de puro nervio, Paula Ortiz opone belleza y fanatismo; vacilación y dogma; combate y seducción; palabra y silencio; luz y oscuridad. Es el estremecimiento que surge del choque entre contrarios. Es el éxtasis de quienes comprenden, incluso las más terribles lecciones.

Observar el mundo para comprenderlo supone despellejarlo. Por eso la Santa Teresa de Paula Ortiz te hace salir del cine con los ojos hinchados y la piel a punto de estallar. El silencio que trabajó Juan Mayorga en aquella obra premiada con el Nacional de Dramaturgia es el mismo del que se vale Paula Ortiz para crear la lentitud y la belleza de su Santa Teresa. La luminosidad de su película proviene de esa materia. Es perfecta como el cielo oscuro abaleado por una luna llena.

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