EN CUARENTENA
La oportunidad
Ahora que las casas de hermandad se llenan, tenemos por delante el reto más hermoso e importante: ser útiles para los hermanos que sólo vienen un par de veces al año
Programa de la Semana Santa de Sevilla 2025
ESTOS días en los que las casas de hermandad se llenan de hermanos que acuden a sacar sus papeletas de sitio y en las iglesias se ocupan los bancos al completo para participar en el rito de los cultos cuaresmales, quienes estamos al frente del ... gobierno de las cofradías –independientemente de su 'masa social'– tenemos por delante una de las tareas más hermosas de todo el año. Porque servir a una corporación no sólo conlleva dedicar infinidad de horas a aquello que más quieres, ni tampoco disfrutar en exclusiva del privilegio que supone tener cerca a las imágenes de tu devoción. Además de eso, y de otras muchas tareas, tenemos la oportunidad de ser el verdadero puente que conecte al hermano de número con el sentido de pertenencia a esa fe que proclamamos el día de la salida. Sí, me refiero a aquel que quizás sólo aparezca un par de días al año, al que despectivamente llamamos 'capirotero', y que con su cirio en medio de la nada del cortejo es el gran olvidado de nuestra Semana Santa. Ese al que nadie mira, es al que estos días hay que abrazar para que se sienta parte de los que a los dos os pertenece.
Sé que a ti que vas con tu vara privilegiada delante del paso de turno, o que hace poco disfrutaste del honor de estar a solas con la Virgen en esa iglesia casi vacía, esto que cuento puede sonarte a algo disparatado. Pero te dedico estas palabras para que pares a pensar cuál es el verdadero motivo de tu servicio a la hermandad. Estar para el hermano no es una carga, es más bien una oportunidad. Así que si un hermano llega y quiere hacerte partícipe de una duda o un problema, no dudes en atenderle. Si otro hermano aparece y te pide ayuda, no dejes de echarle una mano. Si un hermano te para y te cuenta cómo aprendió a querer al Señor, aprovecha para aprender. Todos vivimos de paso en las cofradías y nunca sabemos cuándo llegará el momento en que seamos nosotros los que estemos al otro lado.
Cada año, suelo decirle a los diputados de tramo de mi cofradía que el día de la salida tienen por delante un reto fundamental y hermoso a partes iguales. En la mayoría de los casos, son el único contacto que tienen los nazarenos de a pie, la única cara que reconocen cuando pisan la iglesia para hacer la estación de penitencia. En ese momento, una sonrisa y un simple «¿cómo estás?» tiene un efecto multiplicador en positivo y un mal gesto puede provocar que el hermano se lleve una mala impresión de su hermandad. Esa misma que, por cierto, quiere igual o más que tú y que también le pertenece.
Esta funcionalidad es sólo para suscriptores
Suscribete
Esta funcionalidad es sólo para suscriptores
Suscribete