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LA ALBERCA

El quite de Guiomar

El apoderado de Morante, Pedro Marques, y su madre merecen salir a saludar a los medios

Alberto García Reyes

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La cabeza de Morante es un campo de batalla en el que se enfrentan la genialidad y el tormento. Por eso la saudade portuguesa y la ira del Atlántico reúnen el clima necesario para que el de La Puebla saque de sus adentros la mermelada ... que se hace en las clausuras con las naranjas amargas de Sevilla. El escritor Manuel de Melo dejó resuelto en el siglo XVII el concepto de saudade: «Bien que se padece y mal que se disfruta». El toreo. Por eso el maestro José Antonio soporta las embestidas de la tristeza frente a las olas de Nazaré, contemplando el desconocido océano medieval al que sólo fueron capaces de arrojarse los más valientes marineros de la historia: los que partieron para terminar de dibujar el mapa. Morante está trazando los nuevos caminos del toreo desde la soledad de un hombre abatido, frágil, pequeño. Titubea al intentar explicar a Jesús Bayort, que es el gran periodista taurino contemporáneo, los entresijos de su dolor. Busca las palabras en la profundidad de un abismo que sólo él conoce. Cuando bucea en sus pensamientos tarda en salir a la superficie. Y hay que saberlo esperar. Porque acaso el arte es exclusivamente eso: saber esperar. La histórica entrevista de Bayort al torero en su refugio portugués también se basa en eso, en saber esperar.

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