Hay que vivir
Aznar y la trumpidad
El expresidente es clave en la disputa PP-Vox sobre el nuevo orden mundial planteado por el líder de EE.UU.
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En La Moncloa molesta que la etapa de Pedro Sánchez en el poder haya sido bautizada como sanchismo. Entienden que es despectivo, pero nadie se acuerda de aquel libro de Manuel Vázquez Montalbán titulado 'La Aznaridad', que en su primera edición llevaba una especie de ... cenefa con la bandera de España: algo así como la eternidad del facha. Si aplicáramos la norma de Montalbán a Sánchez, lo pintaríamos con la bandera tricolor y lo titularíamos 'La Sanchidad', pero eso tiene reminiscencias vaticanas y me niego a darle tal categoría al actual presidente, y más en estos días. Él, que llegó de rebote, ya ha superado en La Moncloa a Mariano Rajoy: 2.461 días frente a 2.354. Él está a menos de un año para superar a José Luis Rodríguez Zapatero y algo más de quince meses para alcanzar a José María Aznar, el gran ogro de la izquierda patria. Si Sánchez logra agotar la legislatura, será el segundo presidente más longevo de la Democracia.
Han pasado más de veinte años desde que Aznar decidiera voluntariamente dejar el Palacio de la Moncloa. Lo hizo porque quiso cuando cumplió su segunda legislatura y así abrió un camino a la ejemplaridad que nadie le ha reconocido. ¿Alguien imagina a Pedro Sánchez renunciando ahora a ser presidente cuando convoque elecciones, aunque sea en 2027?, ¿se atreverá a hacerlo después de dos legislaturas, a las que hay que sumar los meses transcurridos entre la moción de censura y las elecciones de 2019? Sí, es una pregunta retórica, pero ¿no debería hacerlo este presidente del Gobierno tan proclive a apropiarse de la palabra democracia y que tanto ha manoseado el concepto de ejemplaridad?
Pero no, no lo hará, y tampoco le reconocerá ese mérito a Aznar. Es sorprendente cómo la izquierda sigue instalada en la caricatura del primer presidente del Gobierno del PP y cómo son incapaces de reconocer alguno de sus aciertos. ¿Admiten los votantes del PSOE y Sumar que la primera legislatura de Aznar fue probablemente la mejor de la democracia, o prefieren quedarse con el Prestige y el 'No a la guerra' de su segundo mandato como hitos del agitprop contra el aznarismo? ¿Admiten lo que se llamó el milagro económico, que permitió entrar en el euro y revertir la crisis del 93, o prefieren sepultarlo en los excesos posteriores de Rodrigo Rato?
Lo cierto es que todo esto a Aznar le resbala. A sus 72 años, el expresidente del PP cultiva su influencia en los ámbitos liberales y conservadores, maneja información y capacidad de análisis y mide su presencia en foros relevantes. Combina agenda pública y privada y se ha situado en la 'auctoritas', que es lo que debe llegar después de la 'potestas'. Y eso, en la vida práctica, se traduce en una creciente influencia sobre la estrategia internacional del PP. En ese espacio es donde están los aznaristas y por eso es relevante que FAES defina como «trumpismo patrio» el entusiasmo de Santiago Abascal. Mientras, Sánchez sueña con una nueva pinza PSOE-Vox que le permita eternizarse en La Moncloa. Esta vez a cuenta de lo que ya podríamos denominar como la trumpidad.
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