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Una tirita verde parar sanar el Tiétar

Una tirita verde parar sanar el Tiétar

A estas alturas del año, la bajada por el Puerto de El Pico para adentrarse en el Valle del Tiétar a través del Barranco de las Cinco Villas debería oler intensamente a primavera, a resina de pino, a la promesa de las nuevas piñas, a retamas verdes, al aroma pegajoso de las jaras. Pero no. Si se aspira profundamente el aire de la vertiente sur de la Sierra de Gredos, aún huele a madera quemada. Vecinos y administraciones trabajan en la reforestación del monte arrasado por el fuego, por colocar con cuidado una «tirita» verde en la quemadura de 4.200 hectáreas.

Los helechos y algunos arbustos van poniendo poco a poco notas de color vivo entre el tono tostado de la tierra y la negrura de las piedras que, tras el atroz incendio que asoló la zona a finales de julio y principios de agosto de 2009, conservan la cicatriz negra de la demencia de los pirómanos que provocaron un fuego devastador que calcinó 4.200 hectáreas, entre ellas, 3.000 eran pinar.

Además de pelar de árboles la ladera derecha del Barranco de las Cinco Villas, el incendio provocó daños cuantiosos en la retina de lugareños y visitantes, que han visto destruidos los paisajes que envolvían sus pueblos, infraestructuras agrícolas, caminos y pistas forestales, además de causar destrozos en el terreno, que se desprende y provoca constantes corrimientos de tierras, agravados por las fuertes lluvias del invierno. Contra todo ello se lucha ahora.

El jefe de la Sección de Restauración de la Naturaleza de la Delegación de la Junta en Ávila, Ángel Iglesias, señala que la regeneración natural en la zona está ya en marcha, mientras en el monte se sigue trabajando para sacar la madera quemada. Se estima que deben extraerse alrededor de 300.000 metros cúbicos de madera quemada, de los que la mayoría se encuentran en montes de utilidad pública.

Se trabaja contrarreloj, pero el mal tiempo del invierno, los plazos necesarios para subastar los lotes y el propio trabajo de la saca de madera impiden avanzar más deprisa. Lo idóneo sería terminar esta tarea antes de la llegada definitiva del buen tiempo, para favorecer la regeneración del suelo, pero no es «realista», confiesa Iglesias.

No hay medios ni infraestructura suficiente para poder despejar antes del mes que llegue mayo el monte de la madera quemada. Y el arrastre de maderos dañará el suelo y algunos piñones germinados, pero «el banco de semillas del suelo es enorme». Las zonas que presentan un mayor problema para regenerarse serán las más altas del término municipal de Cuevas del Valle, es decir, el Puerto del Pico y La Rubía, porque es «territorio del pino silvestre, que es una especie que no se regenera».

Regeneración natural

Sin embargo, no está detenida en absoluto la tarea de recuperar el monte. Justo después del incendio, la propia naturaleza fue la primera en avanzar en la reforestación. Los pinares del Valle del Tiétar son de la variedad autóctona «pino pinaster», que según Ángel Iglesias «tienen un mecanismo de regeneración natural» puesto en marcha con el propio fuego, ya que el calor de las llamas provoca la apertura de piñas de «reserva» -que sólo se abren en casos de incendio- y sueltan piñones, que germinan para dar origen a nuevos árboles.

«Tras el incendio -explica-esos mecanismos se pusieron en marcha». Entre finales de marzo y principios de abril, esa semilla comienza a germinar de forma natural. También con el inicio de la primavera se regeneran otras especies más resistentes al fuego como castaños y robles. Y salen por doquier retamas, piornos y jaras, así como multitud de plantas silvestres.

La Junta de Castilla y León «ayuda» también. Ha esparcido entre octubre y diciembre unos 3.728 kilos de piñón de pino pinaster en las zonas afectadas por el incendio donde existía esta especie, tanto en montes de utilidad pública y como en fincas particulares que lo solicitaron.

La regeneración avanza, pero muy despacio, al ritmo que le marca la propia naturaleza. «No podemos ponerle plazos a la naturaleza», advierte el jefe del servicio. «En la primavera de 2011 tendremos una idea de qué zonas se regeneran de forma natural, por lo que habrá que ayudarlas a luchar contra el matorral -jaras, brezos, zarzas, piornos,...- que proliferarán, y entonces habrá que eliminar esa vegetación para dar una oportunidad a los pinos», señala Iglesias.

También en esas fechas se verán las zonas que no han sido capaces de reforestarse, por lo que será la Junta la que se encargue de preparar el terreno y llevar a cabo plantaciones. Para ello, se estudiarán pormenorizadamente las zonas y se determinarán las especies idóneas para cada espacio: cerezos, alisos, abedules, castaños, robles y otras frondosas. También pinos de la variedad pinaster, una especie autóctona capaz de soportar los duros veranos del Valle del Tiétar, con escasas precipitaciones, temperaturas muy elevadas y vientos cálidos llegados de sur.

Los otros curanderos

Este incendio, asegura Iglesias, «ha puesto de manifiesto que el monte ya no es lo que era». Donde antes había empleo y riqueza a través de la explotación de la resina y la madera, afirma, ahora «hay abandono». Pero la falta de industrias o actividades económicas que mantengan limpios los montes no han hecho olvidar a los lugareños la importancia de su monte.

Son muchas las iniciativas que se están llevando a cabo para realizar plantaciones en las zonas quemadas, tanto por parte de los habitantes de los pueblos afectados como de colectivos ecologistas o universitarios. También una asociación motera que ha dedicado parte de una de sus rutas a la reforestación.

«Todo ayuda», reconoce Iglesias, quien alaba estas iniciativas. «La gente tiene la sensibilidad y el cariño suficientes por su monte como para quitarse tiempo de ocio y subirse al monte a plantar». «Ayuda cada planta que logre sobrevivir». Pero, recuerda, «la naturaleza impone sus condiciones en todos los aspectos» y esto condiciona el éxito de todas las actuaciones.

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