Málaga
La fórmula marenga que triunfa en Taberna Alaska
Estos bisnietos de cenacheros pilotan una carta que sabe a la Málaga añeja. Un lugar muy celebrado por los que buscan buenas frituras y marisco a precios competitivos.

En dos barrios de ladrillo antiguo donde el tiempo se resiste a abrazar la modernidad, la cuarta generación de los Robles mantiene vivo el legado cenachero familiar . Bisnietos que son hijos del mar y que, de marengas maneras, en calle Reboul y en Avenida Europa ofrecen una fórmula sencilla y efectiva: buen pescado y marisco elaborados como se preparaba hace más de cien años en el litoral malagueño: directamente del mar a la mesa .
Taberna Alaska es una fórmula tan consolidada que se permite el lujo de no admitir reservas; aquí solo come quien viene con prontitud o con paciencia . El lujo está en la cocina, no en los locales (el de calle La Unión es el más antiguo y el de decoración más primigenia). El servicio es el de toda la vida , camareros con polos clásicos que suplen academia con calle y sofisticación con experiencia. De esos con los que, si sabes empatizar, te cuidarán con los aperitivos, como su sabrosa tapa de cangrejos .

Las frituras son de mano hábil. Una fina capa de harina de garbanzo tratada en buen aceite caracteriza a cada una de ellas. Pero los buchones de rosada se llevan la palma. Son un manjar ineludible allí. Los boquerones vitorianos están a la altura de la expectativa que genera un lugar tan genuino. El pulpo frito es otra sabia elección en estas mesas, aunque, como ocurre con otros platos y algunos aliños, el aderezo podría mejorar bastante siendo menos contundente.



El test malaguita deja buena nota también en las gambas cocidas , ideales para empezar o alternar entre platos más contundentes, y en las cuñas de ensaladilla rusa con gambas , de pocos ingredientes, elaboración sencilla y una mayonesa rica y suave.


En cuanto a la vasta oferta de marisco, proveniente de lonjas de Caleta de Vélez, Fuengirola o Marbella , vuelan las unidades de conchas finas (servidas a buena temperatura), bolos, zamburiñas y vieiras . Al pil-pil mejor que al natural, aunque la modalidad estrella de estas son al tomate con una receta familiar muy particular en la que el ketchup y el chimichurri hacen acto de presencia. Ya es cuestión de gustos, si bien cuentan con bastante aceptación, igual que las peinetas de calamar .




Como suele ocurrir en este tipo de restaurantes, la caña es la reina de la fiesta; la carta de vinos resulta escueta . En ella, la familia Barbadillo es la gran protagonista.
Y pese a la riada de comensales, se agradece que la atención y el ritmo de los platos no invite a abandonar rápido las mesas, Un lugar de peregrinaje habitual para los más autóctonos y muy apto para los bolsillos que quieren comer de la mar sin mirar si estamos a finales de mes.
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