El baúl de los deportes
Juanito y el maldito mes de abril
En 1992, el genial futbolista del Real Madrid murió en un accidente de tráfico; en 1987, le pisó la cabeza a Matthaus y fue suspendido durante cinco años
El día de la vergüenza de Hamilton

El mes de abril nos robó a Juanito. Un genio en todas las acepciones de la palabra. Juan Gómez González nació el 10 de noviembre de 1954 en Fuengirola (Málaga) y murió el 2 de abril de 1992 en La Calzada de Oropesa (Toledo). «La carretera truncó los sueños de Juanito», ... tituló ABC: «Falleció víctima de un accidente de tráfico ocurrido alrededor de las dos horas de la madrugada (del 1 al 2 de abril de 1992) en el punto kilométrico 161,600 de la carretera Nacional V, tramo de autovía, en el término municipal de La Calzada de Oropesa, en la provincia de Toledo. Juanito, que murió en el acto, se dirigía a Mérida procedente de la capital de España, donde había asistido esa noche al encuentro de Copa de la UEFA disputado entre el Real Madrid y el Torino».
«El accidente se produjo cuando el vehículo en que viajaba, un Peugeot 405 Turbo de color gris -propiedad del presidente del club, José Fouto Carvajal, quien a última hora decidió no acudir a Madrid-, con matrícula BA-7491-L y conducido por el preparador físico del Mérida, Manuel Ángel Jiménez Galán, 'Lolino', de 28 años, se empotró por alcance contra un camión portugués que circulaba en la misma dirección y que se encontraba aparcado en el arcén –informaba ABC-. El jugador del Mérida Francisco González Echevarría, que viajaba junto a sus compañeros Pía y Ricardo en otro coche que circulaba unos metros por delante del vehículo siniestrado, manifestó que vieron en la mediana de la carretera a un camión del que se habían caído sobre la calzada varios troncos de madera que transportaba. El primer coche pudo sortear los troncos, pero el vehículo en el que viajaba Juanito colisionó con el camión estacionado…«.
«Según declaraciones del jugador González Echevarría, Juan Gómez iba dormido en el momento del choque. Fuentes del Hospital Municipal de Talavera de la Reina (Toledo), adonde fue trasladado el cuerpo sin vida de Juanito, aseguraron que el rostro del ex jugador estaba completamente desfigurado e irreconocible, hasta el punto de que los empleados no pudieron distinguir al deportista hasta que comprobaron su documentación. A mediodía, el cadáver de Juanito fue trasladado a Mérida, donde le recibieron más de cinco mil personas en la Plaza de España de esta localidad… El cadáver fue trasladado posteriormente al Estadio Municipal, donde fue despedido por multitud de aficionados. Algunos jugadores del Mérida acompañaron el féretro hasta el centro del campo. De madrugada se le trasladó a Fuengirola, su pueblo natal, en cuyo polideportivo municipal, que lleva su nombre, se instalará la capilla ardiente«.

Pasados 31 años, Lolino habló para Relevo sobre lo sucedido aquella fatídica noche: «Del accidente recuerdo muy poco. Solamente que tenía frío cuando estábamos debajo del camión, y algunas voces de 'No puede ser, no puede ser'. Eran de los jugadores del Mérida. Habían ido tres al Bernabéu y venían detrás de nosotros, en otro coche. Me comunicaron la noticia de la muerte de Juanito varias semanas después, cuando me dieron el alta«.
«Yo fui ese día a Madrid porque él (Juanito) quería convencerme para que me fuera con él al Burgos la temporada siguiente. Martínez Laredo, padrino de su hijo y presidente del club, se lo había propuesto. Después, él quería presentarse a las elecciones del Madrid y llevar a Juan como reclamo. Esa fue la conversación que mantuvimos en el coche«, añade el exfisio del Mérida en el periódico deportivo digital.
Entrenador del Mérida
Juanito vivía su primera experiencia como entrenador en el Club Polideportivo Mérida (desaparecido en el año 2000), pero una arrolladora personalidad y los ecos de su reciente carrera como futbolista convirtieron aquella trágica muerte en un suceso que conmocionó al deporte y a toda España. «Juan Gómez fue enterrado en Fuengirola, la ciudad que le vio nacer. Todo el fútbol español, representado por jugadores, ex jugadores, directivos, técnicos, árbitros y aficionados, con el corazón roto, lloró en el último y emocionado adiós a uno de sus más carismáticos jugadores de la historia«, reza la sentida crónica del funeral publicada en ABC.
«Juanito amó con locura su ciudad natal, y ésta no podía defraudarle en su último viaje. No lo hizo. La jornada fue emotiva desde primeras horas de la madrugada. A las tres, cuando los restos mortales del ex jugador y ex entrenador del Mérida llegaron a Fuengirola procedentes de la localidad extremeña, más de dos mil personas esperaban, a pesar de lo tardío de la hora, la llegada del féretro y lo recibieron con un impresionante y respetuoso silencio que se transformó en vítores y aplausos cuando fue trasladado desde el furgón fúnebre al Pabellón Municipal de Deportes que lleva el nombre del jugador, donde quedó instalada la capilla ardiente«.
«A las nueve de la mañana, una hora antes de lo previsto y ante el impresionante gentío que esperaba para rendir su último adiós a Juanito, se abrieron las puertas del polideportivo, por el que desfilaron cerca de tres mil personas, quedándose un número similar sin opción a entrar. El féretro estaba cubierto por las banderas del Real Madrid, Fuengirola y Mérida, y un capote de matador de toros como recordatorio de la gran pasión, quizá vocación frustrada, que Juanito sentía por la fiesta nacional. A las seis se ofició el funeral 'córpore insepulto'. En una emotiva homilía el vicario de Málaga, Fernando Jiménez, afirmó que 'seguro que Juanito está en el estadio olímpico de los Cielos, en un podio donde le han entregado tres medallas, sobre todo la de oro de paz y alegría, lo que derrochó siempre a su paso'. La alcaldesa de Fuengirola, Esperanza Oña, señaló que 'Juanito tuvo la suerte de recibir el homenaje de su pueblo en vida. Su nombre lo lleva este polideportivo y una calle de Fuengirola, y es muy probable que lo nombremos hijo predilecto de esta villa'«.

«Después, los restos mortales del jugador se trasladaron al cementerio municipal de la ciudad. Una multitud acompañó al cortejo fúnebre... El féretro fue portado a hombros de sus compañeros (Jaro, Pineda, un Camacho absolutamente destrozado...). Allí estaban todos sus amigos. Las plantillas del Real Madrid -que llegó a las seis menos cuarto en tres autocares y del Mérida al completo, con sus respectivos presidentes a la cabeza. Muchos ex jugadores (Iríbar, García Navajas, Santillana, Isidro, Del Bosque, San José, Solsona...) y jugadores en activo; Ángel María Villar, presidente de la FEF; Gerardo Movilla, presidente de la AFE; Lázaro Albarracín en nombre del Atlético de Madrid; Olivella y Esteban por el Barca; Martínez Laredo (Burgos), Irigoyen (Cádiz)... Ramos Marcos y López Nieto ostentaban la representación de los árbitros -aquellos con los que Juan siempre se 'peleó' pero a quienes siempre respetó y por los que fue respetado-. Precisamente Ramos Marcos, quien al margen del arbitraje se dedica a los seguros, había hecho hace escasos días un seguro de vida a Juanito por el que su familia va a recibir cuatro millones y medio de pesetas. Incluso, dos miembros de la peña madridista 'Ultras Sur', uno de ellos su presidente, José Luis Ochaita, depositaron una corona y anunciaron que mañana en el Bernabéu todos los miembros de la peña vestirán una camiseta del equipo con el número 7 en homenaje al jugador«.
«Al Atlético no quiero ni verlo»
¿Cómo llegó Juanito a ser uno de los futbolistas más populares en toda la historia del fútbol español? Con apenas 14 años, el que era prometedor niño andaluz fue fichado para la cantera del Atlético de Madrid, club con el que no llegó a debutar en partido oficial. Figura como integrante de la plantilla del primer equipo en la temporada 1972-73, pero en un amistoso de pretemporada ante el Benfica sufrió una grave lesión: fractura de tibia y peroné.
Pasado un año, ya recuperado, fue cedido al Burgos, equipo de Segunda. En junio de 1976 el club castellano logró el ascenso a Primera, con Juanito como referente atacante. Aún así, el Atlético decidió venderlo definitivamente al conjunto burgalés. Al extremo malagueño esto no le sentó demasiado bien y en una entrevista concedida a Televisión Española exhibió su perfil más sincero y rebelde: «No quiero volver al Atlético de Madrid, es un equipo gafe para mí. Reconozco que yo cometí fallos en mi juventud, pero tampoco es elegancia de un club que un jugador que sufre una lesión de tibia y peroné lo tenga un año sólo a prueba y luego lo ceda al Burgos para después darme la baja. Por eso al Atleti de Madrid no quiero ni verlo»
Tan contundentes palabras en la única cadena de televisión que existía entonces allanaron su llegada al gran rival del Atlético, el Real Madrid. Así, antes de finalizar la Liga 1976-77, se cierra el fichaje en 27 millones de pesetas (162.000 euros). Juanito vistió de blanco durante una década, en 1987 regresó a su tierra para jugar en el CD Málaga y cerró el círculo en Los Boliches, club de su pueblo natal (Fuengirola) con el que disputó cinco encuentros de la Liga 1990-91 de Segunda B.
El fútbol lo fue todo pará él. Ganó 5 Ligas (1977-78, 78-79, 79-80, 85-86 y 86-87), 2 Copas del Rey (79-80 y 81-82), 2 Copas de la UEFA (84-85 y 85-86), 1 Copa de la Liga (84-85) y fue Pichichi (17 goles en la 83-84). Además, vistió 36 veces la zamarra de España y estuvo presente en unos Juegos Olímpicos (Montreal 1976), dos Mundiales (Argentina 1978 y España 1982) y una Eurocopa (Italia 1980).
Con su pasión innata, Juanito vivió episodios intensos e inolvidables. Buenos, regulares y malos. Quizás el peor, por sus consecuencias, ocurrió también en el mes de abril. Concretamente, en la ida de una semifinal de la Copa de Europa (actual Liga de Campeones) disputada el 8 de abril de 1987 ante el Bayern en Múnich.
Corría el minuto 40 y el Madrid caía con estrépito (3-0) por errores propios y por el arbitraje casero del escocés Bob Valentine. El partido era duro, había mucha tensión y Matthaus, centrocampista alemán, entra muy fuerte a Chendo. Este se revuelve, le empuja y caen los dos al césped. De repente, Juanito llega corriendo y le patea la cabeza un par de veces a Mattahus, quien se levanta aterrorizado y huye hacia la banda.
Valentine expulsó de inmediato al '7' blanco –ese día llevaba el dorsal '11- y el Madrid perdió 3-1. Juanito, de mecha corta pero corazón enorme, fue consciente enseguida de la barbaridad que había hecho: «En ese momento no sabía lo que hacía, y la expulsión es justa. Pido perdón a la afición madridista. Me maldigo. Estoy totalmente arrepentido. Creía que había cambiado como persona y como futbolista, pero no ha sido así. Cosas como esta pueden conducir a mi retirada de este deporte. Pido perdón a Matthaus, porque mi comportamiento ha sido irracional y no sabía lo que hacía en el campo. No consigo entenderlo. Ha sido la mayor torpeza de mi carrera deportiva«.
En la vuelta, el 22 de abril, el Bernabéu ardió antes y durante el partido. No es exageración. «Aglomeraciones, tensión y navajas para conseguir entradas», tituló ABC el 21 de abril: Los problemas han vuelto a surgir como en cada partido importante que se disputa en el Bernabéu. Algunas de las personas que llevaban esperando horas enteras (unas cincuenta personas incluso pernoctaron en los alrededores del estadio) para poder estar entre los primeros a la hora de comprar sus entradas, se vieron relegados poco a poco a puestos intermedios en la cola sin apenas enterarse… Muchos de los que se encontraban en los primeros sitios, reventas profesionales, fueron colando a sus amigos en busca de poder conseguir más entradas... La tensión llegó al máximo cuando algunos intentaron recuperar su sitio... Parte de éstos amenazaron a los primeros e incluso salieron a relucir navajas para preservar los privilegiados sitios«.
De nada sirvieron la conjura en pos de una remontada ni el infernal ambiente vivido en el estadio de la Castellana, con constantes lanzamientos de objetos que incluso retrasaron el comienzo del partido. Marcó Butragueño, pero no hubo más goles y el Bayern eliminó al Madrid. Con todo, lo peor vino después.
El 2 de mayo de 1987, la UEFA sancionó al Real Madrid con 400.000 francos suizos (400.000€) de multa y le obligó a jugar dos partidos de competición europea en el Santiago Bernabéu a puerta cerrada, «sin público y no podrán tampoco ser retransmitidos por radio ni por televisión». Más duro aún fue el organismo balompédico continental con Juanito, al que inhabilitó en Europa durante la friolera de cinco años.
«A mis treinta y dos años han querido establecer una sanción ejemplar, que sirva de precedente para el futuro. Por eso me ha dolido mucho, porque no han tenido en cuenta nada», declaró el futbolista andaluz. «En principio no me lo creía. He tenido que leer la noticia dos veces para darme cuenta de lo que decía. Me esperaba una sanción de diez o doce partidos, pero no algo tan brutal como ésta. Me parece excesiva. Es como si hubiese matado a Matthaus, y aún sigue jugando al fútbol. Él tiene mi arrepentimiento más sincero y nada más producirse esta agresión me di cuenta de todo y pedí perdón. Pero en algunos momentos no eres tú, sino un pedazo de carne sin sentido«. Juanito, a quien el Real Madrid ya había impuesto un millón de pesetas (6.000€) de multa, tenía asumido su futuro antes de conocer la resolución de la UEFA: »Aunque me hubiesen sancionado con un año o dos, mi papel internacional ya se habría acabado, pues tengo treinta y dos. Pero no entiendo cómo han podido hacer esto«.
El severo castigo finalizaba el 31 de julio de 1992. Juanito ya había colgado las botas un año antes pero, además, el más cruel designio del destino le esperaba en una carretera el maldito mes de abril de ese mismo año 92.
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