ciclismo / Mundial
El noruego Foss se merienda a los gigantes
Mundial contrarreloj
Gran sorpresa en la cita australiana: Evenepoel, bronce, y Ganna y Pogacar fuera de las medallas

Tobias Foss, un risueño noruego de pelo meticulosamente desordenado que ganó el Tour del Porvenir en 2019, se da tortas en la cara y gesticula con la explosión de su cabeza mientras en la meta de Wollongong van entrando todos los favoritos en el Mundial de contrarreloj en Australia. Ninguno es capaz de bajar su tiempo. Ni Remco Evenepoel, el ganador de la Vuelta a España, ni Tadej Pogacar, dos veces campeón del Tour, ni Filippo Ganna, suprema autoridad contra el reloj dos veces campeón del mundo. Sorpresa mayúscula en esta modalidad, tan poco proclive a las extrañezas.
Cuando todos traspasan la meta, Foss se percata de que su plácida de vida de promesa incumplida cambia por completo. No es joven ni veterano, sus 25 años le sitúan en esa frontera en la que todavía se puede esperar un giro radical en el ciclismo.
No era, ni de lejos, candidato al oro. No aparecía en esas pirámides de estrellitas que el ciclismo ha popularizado en las redes sociales para formular los pronósticos. Ni tan siquiera a las medallas.
Para eso estaban los gigantes. Estaba Filippo Ganna, puro arte de la contrarreloj con su posición siempre en el mejor filo aerodinámico, los brazos escuadra, la espalda horizontal, la cabeza abajo. El italiano de Ineos, 20 victorias en la especialidad, es el prototipo.
Estaba Tadej Pogacar, que se apunta a todos con una valentía que a veces parece temeraria. Al doble ganador del Tour le falta este entorchado y hasta Australia se fue con la idea de estrenarlo. Nunca estuvo en la pelea, descartado casi en el primer punto intermedio del recorrido.
Y estaba Remco Evenepoel, que llegaba con la pujanza de su forma física excepcional con la que conquistó la Vuelta. Solo una semana después, los watios no desaparecen.
El portento belga mantuvo la cara alta en la pelea por el oro, pero tal y como mostró en la Vuelta su rendimiento suele ir de más a menos. Próximo a la victoria en los primeros pasos y más alejado según se acercaba la meta. Le hicieron la ola al belga unos cuantos espectadores, ingeniosa iniciativa que le animó a conseguir un bronce que le dejó con rostro insatisfecho y mirada perdida.
El suizo Stefan Kung era el elegido en ausencia de los gigantes. Ciclista de gran nivel, especialista, se jugó el bigote en cada curva de Wollongong, mucho más riesgo que Evenepoel, Pogacar o Ganna para afilar el segundero. Habitual de las medallas, pero no de los oros en todas las modalidades contrarreloj del ciclismo, también esta vez se quedó con las ganas. Sólo dos segundos peor que el vencedor, plata.
Foss, gregario del Jumbo de Roglic y Vingegaard que no fue seleccionado para el Tour ni la Vuelta, solo había conseguido hasta ahora dos campeonatos de Noruega contrarreloj y uno en ruta.
Hace tiempo que España no presenta grandes credenciales en esta prueba. Y en Australia estaba casi cantado que la actuación de Oier Lazkano (puesto 26) no tendría una gran relevancia en la clasificación.
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