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ABC Cultural

Roger Alier: el sabio humilde de la ópera

OBITUARIO

El crítico y reconocido divulgador operístico fallece a los 81 años

Robert Wilson: «No hay que tener miedo a repetirse»

Roger Alier, en el Gean Teatro del Liceo Liceo
Pep Gorgori

Pep Gorgori

Barcelona

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La primera vez que hablé con Roger Alier fue hace décadas, en su piso, que recuerdo como un abigarrado laberinto con las paredes forradas de libros, programas de mano y discos que parecían desparramarse por todas las estancias sepultando sillas, mesas y cuanto centímetro cuadrado pudiese sostener esos objetos del saber. Enseguida comprobé que todos esos textos habitaban también en su cabeza, que al pasar por las estanterías era capaz de recordar dónde y cuándo adquirió tal publicación o tal otra, y explicar en pocas palabras por qué su contenido era importante: no solamente acumulaba libros, absorbía también su contenido y lo atesoraba, además de en las baldas, en su prodigiosa memoria.

Alier nació en Venezuela en 1941, ya que su padre, el psiquiatra Joaquim Alier, se había exiliado. Al cumplir él los diez años, la familia regresó a Barcelona, pero antes había pasado por Estados Unidos, Australia, Nueva Guinea y la Isla de Java. Quizás por eso, era políglota y un viajero incansable.

Estudió piano en el Conservatorio del Liceo y cursó la carrera de Historia Moderna. En una época en la que los estudios de musicología no estaban reglados, empezó a investigar sobre la historia de la música. Su tesis doctoral, defendida en 1979, versó sobre la historia de la ópera en Barcelona, y arrojó luz sobre cuestiones hasta entonces ignoradas sobre la música no solo en la capital catalana, sino en todo el país. Fruto de su actividad investigadora y divulgadora, escribió varios libros, entre los que destaca su monumental «Diccionario de la Ópera», de 2007. Fue fundador de la revista Ópera Actual, y crítico del diario La Vanguardia desde 1987. También presentó varios programas en la radio y la televisión catalanas, que lo convirtieron en un personaje muy popular.

La última vez que coincidimos fue hace pocas semanas, en las funciones de 'Parsifal' en su querido Gran Teatro del Liceo. Estaba como siempre: rodeado de personas, mayoritariamente señoras, que se acercaban a él durante los entreactos para que les dijese qué le estaba pareciendo la función y para que les aclarase alguna duda sobre el argumento, a lo que él accedía encantado, con un carácter afable y humilde, siempre dispuesto a ampliar la información con alguna que otra anécdota divertida. Seguro que lo van a echar de menos.

El Liceo, que le acababa de conceder la Medalla de Oro por su labor divulgativa, le dedicará las funciones de 'La incoronazione di Poppea' de Monteverdi que está a punto de estrenar. Nos quedaremos con las ganas de saber qué opina de la dirección musical de Savall y, sobre todo, de la puesta en escena de Calixto Bieito: amante de los montajes de corte más clásico, toleraba mal las libertades que se toman algunos creadores actuales. El año 2002, cuando el mismo Bieito presentó su controvertida versión de 'Don Giovanni', el artículo que le dedicó se titulaba «Orinando sobre Mozart». Sabio, humilde y amable, pero al mismo tiempo demoledor cuando lo consideraba oportuno.

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