Parece muy arriesgado aseverar que un coche no tiene competencia en su clase pero, en realidad, tras conocer todo lo que puede hacer y ofrecer su cuarta generación creo que no existe otro modelo capaz de aunar el confort de marcha, las prestaciones, el nivel de seguridad y el placer de conducción en carretera, con la eficiencia y comportamiento cuando abandonamos en asfalto del nuevo Range Rover. Esta conjunción y doble faceta es lo que, desde su origen, lo hace diferente: una auténtica berlina de lujo que sale airosa de entornos donde sólo pueden hacerlo los 4x4 más brillantes.
Si únicamente pasamos por alto que para entrar en el Range Rover es necesario elevarse a una altura incómoda para algunas personas, por ejemplo para los mayores, una vez acomodados su confort es propio de los mejores, incluidas los más representativos. La postura en cualquier asiento es de lo más natural, algo que sobre todo aprecia el conductor. Ahora, de paso, es más amplio en las plazas traseras.
Sobre diseño, el fabricante ha optado por seguir el consejo de sus clientes y ha mantenido las líneas básicas del coche de siempre, como el resto de sus cualidades, todas mejoradas. Mantiene casi todas las proporciones, pero baja la altura 20 mm, inclina más el parabrisas y aplica otras sutilezas que aportan un toque diferencial. Eso sí, la carrocería ha sufrido una profunda revolución al ser de aluminio, lo que junto a otras medidas como el descenso en el tamaño de los motores, modificaciones en las suspensiones y otros elementos consigue reducir el peso hasta en 420 kg. Esto repercute positivamente en consumos y emisiones, pero también mucho en el comportamiento en carretera y en las prestaciones.
Programa TT automático
El ingenio responsable de magnífico comportamiento del Range Rover fuera de carretera es el sistema TerrainResponse de última generación, que permite escoger el tipo de terreno sobre el que conducir: arena, barro, grava o rocas; adapta la transmisión a cada circunstancia. El sistema admite un modo «Auto» capaz de reconocer la superficie sin intervención del conductor.
Asimismo, las ayudas a la conducción, confort y comunicación mejoran en todos los órdenes: los ingenieros han hecho posible que para su utilización sean necesarios menos botones, hasta un 50%. Algunas han pasado a la pantalla del navegador; el resultado visual es muy positivo.
Bajo el capó, el nuevo Range Rover permite escoger entre dos motores diesel: 3.0 TDV6 de 258 CV y 4.4 SDV8 de 339. Como tope de gama, el propulsor de gasolina 5.9 LR-V8 Supercharged de 510 CV. Todos con transmisión integral y todos con caja de cambios auto secuencial de 8 velocidades.
Entre su extensa electrónica de apoyo, destacamos la amortiguación continuamente variable, el asistente de aparcamiento, control de crucero activo (funciona hasta parar el coche), detección de tráfico en sentido contrario para el cambio de luces y sistema de cámaras Surround, con función de orientación inversa para aparcar o enganchar un remolque.
He tenido oportunidad de probar a fondo el coche en gasolina y diésel en un entorno tan propicio como Marruecos. La conclusión es clara: es difícil encontrar otro vehículo como éste que permita por igual rodar a elevada velocidad en autopista, por carreteras estrechas y sinuosas con inclinaciones mínimas (gracias en buena medida a la eficacia del Dynamic Response), atravesar dunas, superar fuertes pendientes, zonas pedregosas, rocas y hasta vadeos de 90 cm.
Precios Range Rover ‘13:
TD V6: 98.500 euros
SD V8: 122.800 euros
5.0 V8 Supercharged: 130.300 euros