Pasión por los barrios
Barrio León: el vergel donde florece el azahar de San Gonzalo

#cuaresma2025
La cofradía ha traspasado todas las fronteras geográficas en los últimos años, pero mantiene un vínculo indisoluble con sus vecinos
El Lunes Santo, el barrio se desborda de gente, pero la hermandad mantiene una vida activa durante todo el año
El Cerro del Águila: una identidad forjada por la Virgen de los Dolores
En los confines de Triana, más allá de la Ronda y de López de Gomara, se mantiene todavía el carácter más popular que antaño caracterizaba a todo el viejo arrabal y que hoy hay que saber buscar en rincones como el Barrio León, una pequeña ... cuadrícula que marca el extremo occidental de Sevilla y donde el olor a azahar lo inunda todo cuando llega la primavera. Del mismo color que la flor más querida de la ciudad son los nazarenos de San Gonzalo, una de las cofradías que más ha crecido en los últimos años y cuyas imágenes titulares constituyen la fuente de salud, locura y desvelos de todo un barrio... y de devotos llegados cada vez de rincones más variopintos.
La situación del enclave en el que radica una hermandad que está creciendo hasta niveles insospechados es particular, puesto que el Barrio León se encuentra acotado por todos los puntos cardinales, de forma que no puede crecer más allá de sus límites geográficos, que son: al norte, la avenida de Coria; al este, la Ronda de Triana y López de Gomara; al oeste, el muro de defensa; y al sur, «el barrio del Tardón, que originalmente se denominaba barriada de San Gonzalo, la que le daba nombre a la parroquia», como señala Antonio Jesús Torres, hermano de la corporación.
Sí es cierto que San Gonzalo recibe muchos fieles del vecino barrio del Tardón, de otros puntos de Triana, Sevilla y el Aljarafe, con previsiones que superan los tres mil nazarenos.
Orígenes humildes con enseres prestados y cambios de titulares
La hermandad de San Gonzalo se fundó en 1942, al mismo tiempo que la parroquia y la hermandad sacramental, con la que se fusionó en 1953. Aquella barriada de casas modestas impulsada por el gobernador militar franquista Queipo de Llano fue durante mucho tiempo una zona muy humilde, lo que marcó las primeras décadas de vida de la corporación.
Así lo recuerda José María Lérida, actual teniente de hermano mayor: «Yo he conocido la hermandad pobre, sin recursos, teniendo que pedir cosas prestadas a la Estrella. Aquí se han llegado a traer cosas durante la madrugada del Domingo de Ramos al Lunes Santo para terminar de montar el paso de la Virgen». Con el apoyo de corporaciones como su madrina y el vuelco de los hermanos y devotos, la hermandad fue creciendo.
En los años setenta llegaron las actuales imágenes titulares, que no son las fundacionales, como explica Lérida: «Imágenes de Cristo ha habido tres: una de Pires, cedida a Jerez de los Caballeros; otra de Castillo Lastrucci de la que conservamos el busto; y la actual de Ortega Bru», que se bendijo hace cincuenta años, en febrero de 1975. En cuanto a titulares marianas, «la original era de Lafarque, pero tras el incendio de 1977, el mismo Ortega Bru realizó la nueva imagen de Nuestra Señora de la Salud», que es la que hoy día sale a la calle cada Lunes Santo tras el Señor del Soberano Poder. Sobre ambas imágenes se ha sostenido el crecimiento de San Gonzalo.













El personaje: Miguel Ángel Oliver, costalero del Soberano
Entre los colectivos que han contribuido de manera más palpable al engrandecimiento de la cofradía hay que destacar a sus cuadrillas de hermanos costaleros. Miguel Ángel Oliver es un clásico de la del Soberano Poder: «Mi estación de penitencia desde hace treinta años consiste en ser los pies del Señor. Recuerdo que de pequeño soñaba con ser algún día su costalero, y ese sueño se cumplió. Era mi gran ilusión».
A lo largo de tantos años, guarda infinidad de recuerdos y anécdotas bajo la trabajadera, pero tiene claro que se queda «con todos esos momentos con Bienvenido Puelles Oliver debajo del Señor. Con él empieza una nueva era, él transforma el mundo de la Semana Santa. Cree en un estilo, cree desde aquí en San Gonzalo que la música se puede interpretar al compás del Señor y vivir aquellos años con Bienvenido fue un auténtico placer, un honor y de lo más emocionante que he vivido». Su legado en San Gonzalo y en la Semana Santa es indeleble.
Dentro de la cuadrilla, los costaleros son «una familia». Al frente de la misma está Manuel Garduño, cuya labor de casi cincuenta años comandando el paso de misterio reconoce también Oliver: «Es el alma de esta familia, el responsable de que la hermandad tenga no sólo una cuadrilla, sino un grupo de hermanos», algo que no germina y florece una vez al año ni mucho menos: «Más allá de todo lo que se vive como cuadrilla el Lunes Santo, es muy bonito cómo vive todo el año la cuadrilla siempre en torno al Señor y su bendita madre, pero teniendo muy presente a nuestro capataz como el faro que nos guía».
Un momento histórico: la coronación de la Virgen de la Salud en 2017
En las ocho décadas de vida de San Gonzalo en el Barrio León ha pasado por momentos buenos, peores y regulares. De lo que no hay duda es de que se encuentra actualmente en el mejor. Como prueba de ello, 2017, año de la coronación canónica de la Virgen de la Salud. Monseñor Asenjo la concedió por varios motivos, como recuerda José María Lérida, que era mayordomo en aquel tiempo: «La coronación viene de la devoción tan grande que tiene la Virgen, de la expansión que ha tenido la hermandad y también de la gran obra social que hace la hermandad, que quizá sea la gran desconocida».

Para el barrio supuso la mayor de las alegrías tal acontecimiento pese a que quedó huérfano de la Virgen de la Salud durante la semana de octubre que pasó en la Catedral: «Fue una auténtica locura, con una cantidad enorme de actos durante el año y un gran colofón: el traslado de la Virgen a la Catedral, los cultos que allí se celebraron, y la vuelta a casa en una procesión de doce horas».
La devoción: barrio y hermandad van de la mano todo el año
Pese a que la devoción hacia los titulares de San Gonzalo haya traspasado tantas fronteras, no se entendería sin el núcleo duro de sus vecinos, que comparten vida cotidiana con ellos. Una vida cotidiana que «es graciosa, buena, alegre... y que nunca se pierda eso en Triana, por favor», asevera Alejandro, que lleva veinte años en la pescadería del mercado de San Gonzalo: «Aquí cuidamos del barrio y, como parte de él, cuidamos también de la hermandad, por supuesto». La expectación por el Lunes Santo genera «los mismos nervios que cuando viene el derbi», comenta entre risas.
Cualquier sitio es bueno para ver la cofradía, desde la avenida de Coria hasta el Baratillo: «¿La has visto entrar en Campana? Es como cuando entra Triana en el Rocío: otro mundo», sentencia Antonio, vecino y cliente asiduo de la frutería de la plaza de abastos. Un enclave que se transforma el día de la estación de penitencia, puesto que allí forman los tramos de nazarenos del Señor. Rafael, el charcutero, lo lleva viendo muchos años, puesto que los negocios abren unas horas antes de que la plaza se convierta en extensión de la parroquia: «El Lunes Santo por la mañana vienen los miembros de junta a pegar los carteles de cada tramo y, sobre la una, entran los nazarenos y se van organizando. El mercado se llena. Incluso me cuesta trabajo salir para irme a mi casa. Si ya encima el día acompaña, se pone Triana preciosa y atestada de gente».
Atestada también de gente «que hace mucho que no ves, que se ha criado aquí en el barrio y se ha ido, y vuelve a sacar su papeleta de sitio, la de su hija, la de su nieto. Los ves y te acuerdas de cuando jugabais a la pelota en la plaza de San Gonzalo. Te das cuenta de que eres viejo, pero te pones contento», confiesa Andrés, propietario de la semillería San Gonzalo, que vende incienso de la hermandad y expone un auténtico altar cofrade en su escaparate a base de aportaciones de sus amigos: «Uno trajo el costal; otro, el cuadro del Soberano; la corneta de las Cigarreras...».
Ese sentimiento de comunidad es característico del Barrio León: «La hermandad son 365 días al año: cuando hay una campaña de Navidad, una recogida de alimentos, para decorar el barrio para la procesión eucarística en junio... Barrio y hermandad van de la mano».
El lugar más emblemático: la calle Bienvenido Puelles Oliver
Una de las calles más emblemáticas de la cofradía, que parte de la plaza, es la que ha tomado el nombre de Bienvenido Puelles Oliver, «la única en la que les da la luz de frente a las imágenes desde que salen», como apunta Paqui Borrero, camarera de la Virgen, que, además, señala lo apropiado de que dicha vía cuente con un nombre tan ligado al barrio y a la hermandad como es el del maestro cigarrero.
Borrero, que recorre entusiasmada la calle que entre naranjos conduce a la parroquia en sentido contrario al que realiza la cofradía cada Lunes Santo, se confiesa como toda una enamorada de su barrio: «Es una monería: la luz, los naranjos, el azahar...». Un azahar, el de San Gonzalo, que no deja de brotar en el vergel del Barrio León.
Redacción: Pepe Trashorras
Imagen: Inma Guisado
Edición: Inma Guisado, Jaime Álvarez
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