Episodios locales
Sin turistas no hay hoteles
Hace medio siglo, el concesionario del único hotel de lujo que había en Sevilla rompió el contrato y el Ayuntamiento tuvo que gestionar directamente el Alfonso XIII para que no cerrara sus puertas

El título de hoy es casi una verdad de perogrullo, cuando Sevilla roza los cuatro millones de turistas y una decena de hoteles de cinco estrellas abren sus puertas. Pero hace medio siglo, sólo había un hotel de lujo en la ciudad y el ... negocio era tan ruinoso (594.000 viajeros en 1974, menos de los que ahora nos visitan en cualquier trimestre que se considere) que el concesionario tomó las de Villadiego y le dejó las llaves bajo el felpudo al propietario del inmueble. Esta es la historia de la 'nacionalización' del hotel Alfonso XIII en diciembre de 1974.
La noticia saltó a la portada de ABC el 24 de noviembre con este inquietante titular: «¿Quién va a explotar el hotel Alfonso XIII a partir del 15 de diciembre?». Esa era la fecha que había fijado la concesionaria Husa para retirarse de su gestión, anulando de manera unilateral el contrato por quince años que había obtenido en 1971 a cambio de un canon a las arcas municipales de tres millones de pesetas anuales y un porcentaje de facturación.
El director del hotel, Marino Orlandi, estaba dirigiendo una circular a los clientes en los que lamentaba el cese de actividad y dirigía a aquellos que hubieran reservado habitaciones para fechas posteriores al 15 de diciembre directamente «a dicho Ayuntamiento (plaza de San Fernando, de Sevilla) ante la posibilidad de que pueda confirmarle la reserva en que está usted interesado».
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El alcalde, Juan Fernández y Rodríguez García del Busto, tuvo que moverse con agilidad en el Ministerio de Información y Turismo y el 29 de noviembre informaba al pleno municipal de que el Ayuntamiento pasaba a hacerse cargo del establecimiento, la joya de la corona hotelera local, con vistas a su traspaso a la Empresa Nacional de Turismo (Entusa).
El consistorio asumía por «dos o tres meses» la gestión para evitar el desdoro de la imagen de la ciudad que supondría el cierre del histórico establecimiento construido para la Exposición Iberoamericana de 1929 y que las familias de los trabajadores quedaran sin cobrar la nómina. Los munícipes aprobaron, a la mayor brevedad, un pliego de subasta en enero de 1975, pero fue un fracaso y se declaró desierta en julio.
El concierto directo con la empresa dependiente del INI no llegó hasta noviembre de 1975, ya con Fernando Parias de alcalde. Entursa se subrogaba la plantilla a cambio de 8,3 millones de pesetas de canon y unas regalías del 20% de la facturación salvo el bar y el restaurante, del que debía abonar el 8% de los ingresos. Las obras de mejora del establecimiento, presupuestadas en 200 millones de pesetas, las asumía el consistorio con cargo al endeudamiento municipal.
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