de la misa la media

San Marcos de los franceses

Iglesia en sevilla

El responsable de que la parroquia de San Marcos se haya convertido en un ancla para la comunidad católica francófona es el padre Léonce Hounbiogbe, natural de Benin, en el golfo de Guinea, colonia de la extinta África Occidental francesa

Misa en la parroquia de San Marcos ABC

Misa en francés en la parroquia de San Marcos

  • Templo: Parroquia de San Marcos (Centro)

  • Fecha: 9 de febrero

  • Hora: 11.30

  • Asistencia: nueve fieles

  • Preside: Léonce Setoung Amour Hounbiogbe

  • Ornato: ramo de flores a los pies de la Virgen

  • Música: grabada

Por lo general, es San Luis (el rey Luis IX de las Cruzadas, 25 de agosto) el que se asocia con los franceses incluso en el título de las iglesias a él consagradas, una especie de santo nacional para la monarquía gala como ... para los Austrias españoles pudo ser nuestro San Fernando. Pero en Sevilla, desde octubre pasado, es el evangelista discípulo de Pedro el que se asocia con los franceses. San Marcos de los franceses, aunque quede a tiro de piedra el auténtico San Luis de los franceses jesuítico, desacralizado.

El responsable de que la parroquia de San Marcos se haya convertido en un ancla para la comunidad católica francófona es el padre Léonce Hounbiogbe, natural de Benin, en el golfo de Guinea, colonia de la extinta África Occidental francesa. Nacido en 1977 y ordenado en 2014, el coadjutor de Omnium Sanctorum y San Marcos oficia en este templo misas en francés los sábados a las 18.30 y domingos a las 11.30. Y bajo petición, el resto de sacramentos: confesiones, confirmación, bautismo, matrimonio y funerales en la lengua del país vecino. Unas octavillas (habría que corregir la errata embarazosa con las señas postales) en las mesas a los pies del templo así lo indican.

El domingo 9 eran nueve los fieles, incluido este cronista y otros dos españoles que habían encontrado cerrado el convento de Santa Isabel. Un embrión de comunidad, pero muy dispuesto: el grupo de franceses se repartió las lecturas, la oración de los fieles y la colecta. Y al final de la misa, se fotografió con el celebrante. Pocas veces se ve en nuestras eucaristías ese entusiasmo.

Y no fue corta la celebración: una hora de reloj con foto incluida; la homilía (prolijamente leída) se extendió diez minutos, pero los gestos parsimoniosos y el canto (oración colecta, prefacio) con que celebraba el P. Léonce invitaban al recogimiento. Todo lo contrario que el ruido ambiental. Las puertas del templo estaban abiertas de par en par -de hecho, seguían pasando turistas ¡incluso durante la consagración, para qué se van a cortar!- y entraba la luz y los pitidos de los cláxones a raudales.

Hemos dicho que eran nueve fieles, aunque a comulgar sólo se acercaron ocho (pleno) porque una señora con bastón telescópico desapareció nada más proclamarse el Evangelio. Es como quedarse a medias: se banqueteó con la Palabra, pero se perdió el convite eucarístico. Tampoco escuchó la homilía, construida en torno a la metáfora de la Iglesia como la barca de Pedro. No importa que fueran nueve en misa: toda la Iglesia del cielo y de la tierra estaba con nosotros. Incluso para los que no rezamos en francés: el misterio pascual sobre el altar es inefable.

Algunos gestos de la asamblea o del oficiante llamaron la atención de este cronista. Por ejemplo, el canto (¿de un motete?) en el momento de alzar, cuando la Instrucción del Misal dice que cese toda música; la cruz que trazó en el aire con la hostia consagrada antes de elevarla; el padrenuestro con las manos abiertas de los fieles; y el acto de contrición rezado antes de la comunión.

No había leccionario ni evangeliario, sino que unas hojas suplían la carencia en el ambón. No es lo mismo, claro está, pero da el avío. El misal estaba desde el principio sobre el altar y de allí no se movió. Entre otras cosas, porque no había servidor y el celebrante tuvo que ir a la credencia por las ofrendas. Eso sí, purificó los vasos sagrados en una esquina del altar: manías de pijotero, si se quiere, pero con un rico sentido mistagógico.

Hay algunas cosas que mejorar, no obstante. No le vendría mal un barrido al suelo de la iglesia y, desde luego, un micrófono en el altar, o en la sede, para que se escuche al oficiante tan alto y claro como desde el ambón. La música grabada sonaba rancia, más que antigua, pero eso debe de ser cosa del equipo de reproducción. Y el ruido de la calle, que ya está dicho. En fin, nada de esto desluce el muy notable empeño de construir una comunidad francoparlante en San Marcos. Ánimo; quiero decir: 'allez, allez!'.

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