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CRÍTICA

«Black Mirror»: Nada es como al principio

La serie de Netflix que retrata el lado más inhumano de la tecnología acaba de estrenar su cuarta temporada

El priemr capítulo de la cuarta temporada de Black Mirror NETFLIX
Rosa Belmonte

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Hace tiempo descubrimos que después del primer capítulo de «Black Mirror» nada iba a ser igual. Igual que sabíamos que por mucho que fuéramos a ver a Curro Romero no iba a pasar nada extraordinario. Ningún capítulo iba a tener el impacto del primero . Porque de eso se trata con Charlie Brooker . Y no de contarnos cursis historias de amor como «San Junípero» . Que esta sea la de mayor reconocimiento dice poco de la importancia de la serie. Después del cerdo, nada. Aunque nos entretengan las sucesivas entregas. O nos aburran. Ambas cosas pasan con la temporada cuarta que Netflix acaba de estrenar .

Seis capítulos y la mayoría prescindibles . «Hang the DJ», quizá el mejor, se parece demasiado a «San Junípero»; no entiendo a qué viene meter el cansino «scandinavian noir» en «Crocodile»; «Arkangel», el dirigido por Jodie Foster y protagonizado por Rosemarie DeWitt, recuerda que conviene no saber qué están haciendo los demás, ni siquiera tus hijos, y «Black Museum» a veces me parece «Yo he visto la muerte», la película de José María Forqué con guión de Armiñan sobre varios toreros y, a veces (en la primera historia), «El hombre con rayos X en los ojos». De la segunda, lo más inquietante es lo que la chica protagonista, la que está en coma, se parece a Carson McCullers.

Pero lo peor de todo es que los capítulos podrían estar hechos por un robot . O por un imitador como el que hay en «La mantis» , la otra serie recién estrenada por Netflix (aunque sólo fuera por Carole Bouquet merecería la pena). Además, la vida real (si la vida televisiva lo fuera) es mucho más inquietante.

Ayer vi en «Socialité», el programa de María Patiño, que María Lapiedra tiene ¡un biógrafo! Esto no se le ocurre ni a Brooker. Que el biógrafo ha hecho de Cyrano redactando cartas de amor a Gustavo González. Y lo mejor, esto que dice de María Lapiedra: «No es la típica arpía fría, ella disfruta acostándose con famosos». Puro Cesare Pavese: «Ninguna mujer se casa por dinero. Todas son lo suficientemente listas como para enamorarse de un millonario antes de casarse con él». Entre Brooker y Pavese, el italiano.

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