La Tercera
El momento crítico de la energía
«La producción resultante de energías renovables está creciendo, pero todavía no representa una participación que altere significativamente el elevado grado de dependencia energética de España. Estamos ante un momento crítico en que quizás hay que replantearse muchas decisiones adoptadas, como la fijación de los precios de la energía»

La actual situación de la energía y el futuro del cumplimiento de los objetivos de emisiones, unido a los acontecimientos bélicos que se están produciendo con la invasión de Ucrani a por parte de Rusia, impone un repaso de cómo se ha alcanzado. El ... IPCC asumió en 2017 que el cambio climático es un fenómeno inequívoco y antropogénico y que algunos de sus efectos eran ya irreversibles. Ya en 2014 se habían propuesto medidas de mitigación para los sectores de la energía y los transportes, y se reconocía la posibilidad de limitar el cambio climático y frenar el calentamiento, constituyendo un reto para que todos los países comenzaran conjuntamente a actuar de inmediato.
En el Informe anual de 2018 World Energy Outlook (WEO), la Agencia Internacional de la Energía (AIE) asumió que tanto las medidas actuales como las anunciadas no serían suficientes para lograr invertir la tendencia de crecimiento de las emisiones de contaminantes atmosféricos a nivel global, y que los hidrocarburos seguirán siendo una parte fundamental de la demanda energética en 2040. Esta misma idea plantea el Stockholm Environment Institute , con el sello de las Naciones Unidas, que considera que los objetivos de descarbonización de la Tierra están seriamente comprometidos.
En Europa tampoco son visibles los resultados de las medidas que se vienen implementando, pese a los logros de la mayor participación de las energías renovables (+2%) en la generación eléctrica (+1%) en los últimos 10 años (compensando la reducción de 1% tanto en el consumo de petróleo como en el consumo de gas y en combustibles sólidos). Seguirá demandando productos energéticos fósiles en un mercado en alza, y las emisiones no se reducirán como se pretende. Tras la Cumbre de París de 1972 Europa comenzó a controlar la contaminación del aire, en 2016 promovió el paquete de medidas «Energía limpia para todos los europeos» y en 2017 se ratificó el Acuerdo de París de 2015, con el objetivo de «mantener el aumento de la temperatura media mundial por debajo de los 2°C, y proseguir los esfuerzos para limitar ese aumento de la temperatura a 1,5°C».
España, un país muy vulnerable al cambio climático y con una preocupante dependencia energética del exterior ya que más del 90% de la energía primaria consumida es importada, y cuya eficiencia del sistema se sitúa en el entorno del 70%, en lo que corresponde a la transformación de la energía primaria hasta el consumo final, empezó tardíamente a forzar el cambio. Los resultados apenas son visibles, con un crecimiento del 3% en el consumo de energías renovables en los últimos diez años, compensando la idéntica reducción del consumo de petróleo.
Ante esta situación, cabe preguntarse si nuestro modelo energético actual es viable y sostenible. La respuesta de distintas entidades científicas y económicas indican que las bases del cambio de modelo están lanzadas, pero con objetivos poco realistas y sin la financiación adecuada que permita su cumplimiento. Se ha empezado tarde, se ha sido poco efectivo en el cumplimiento, y se ha obviado nuestra realidad económica y energética.
La electricidad de la península Ibérica se vende, desde finales de 2011, en un Mercado Ibérico mayorista donde los precios de la electricidad dependen de los precios de los productos energéticos, del precio del CO2, y de los costes de inversión y de producción de las distintas tecnologías de las plantas de generación. Sin embargo, tenemos unos precios de la energía excesivamente elevados, donde la evolución del precio de los productos energéticos adquiridos en los mercados internacionales explica parte de la actual escalada de precios internos, tanto de los combustibles como de la electricidad. El barril de crudo (Brent) está oscilando sobre los 100 dólares, y el precio del gas natural se ha incrementado exponencialmente desde mayo de 2020, motivado por el incremento de la demanda de los países asiáticos, por los cortes en el suministro de Argelia y de Rusia a Polonia y Alemania, y últimamente por la guerra de Ucrania, llegando a un precio de 300 euros el megavatio-hora, tras subir más de un 60% en los últimos tres días.
Además, debido al comercio de derechos de emisión de los sectores no difusos, una subida de precio del CO2 afecta al coste de los productos energéticos, alcanzando valores superiores a 50 euros la tonelada, lo que supone el doble del valor medio del año pasado.
Por su parte, el mercado eléctrico se creó en condiciones de exposición excesiva a la especulación de los mercados internacionales por la escasez del suministro de los productos energéticos dominantes y contaminantes. Además, España se ha visto afectada por la incapacidad de la Unión Europea para obtener acuerdos estables multilaterales y globales para el suministro de aquellos productos energéticos.
Quizás la guerra en Ucrania sea la primera señal de instabilidad global, que se agravará en las próximas décadas al sentirse la anunciada falta de recursos, tales como el agua, algunos metales fundamentales para la tecnología existente y los productos energéticos fósiles, que todavía representan un 90% en el consumo de energía primaria mundial. Se ha acumulado un retraso de más de 60 años en el desarrollo y explotación de energías renovables alternativas que, a corto plazo, servirán apenas como solución paliativa y que no evitarán los desequilibrios sociales y de los mercados que se avecinan.
Recientemente, Europa se ha propuesto ser pionera en esta lucha proponiendo medidas vigorosas. En 2018 se definió una estrategia europea a largo plazo, para el año 2050, de una economía próspera y climáticamente neutra, «Un planeta limpio para todos», y a finales de 2019 lanzó el Pacto Verde Europeo (Green Deal) que prioriza la eficiencia energética y pretende la transformación del sector eléctrico basado en fuentes renovables. El reciente paquete de medidas 'Fitfor 55' asigna «recursos a través del Plan de Recuperación de la UE con una financiación sostenible y desbloqueo de la inversión privada». Desafortunadamente todas estas medidas se han topado con una realidad que les está superando, y con un crecimiento imparable de los precios de la energía debido al sistema marginalista de fijación de precios, que está llevando a la economía europea, y en particular a la española, a una situación límite.
Por su lado, España pretende que el consumo de energía primaria en España en 2030 se reduzca hasta los 110 Mtep y hasta los 80 Mtep en 2050 con los exigentes objetivos de la 'Estrategia de descarbonización a largo plazo'. La 'Estrategia de Transición Justa' y la 'Estrategia de Pobreza Energética' aspiran a situar el conjunto de energías renovables en el 97% sobre la energía final, superando el 50% la electrificación de la economía y desarrollando el hidrógeno y los combustibles renovables, y poder descender así hasta el 13% la dependencia energética del exterior, y reducir al menos un 90% las emisiones brutas de GEI. La producción resultante de energías renovables está creciendo, pero todavía no representa una participación que altere significativamente el elevado grado de dependencia energética de España.
Estamos ante un momento crítico en que quizás hay que replantearse muchas decisiones adoptadas, como la fijación de los precios de la energía, los compromisos del cambio climático, el origen de nuestras fuentes energéticas, la dependencia energética de los países, etcétera. Ha llegado el momento de la verdad.
Alberto Camarero y Luis Branco son expertos en energía de la Universidad Politécnica de Madrid
Esta funcionalidad es sólo para suscriptores
Suscribete
Esta funcionalidad es sólo para suscriptores
Suscribete