Cuatro millones de funcionarios chinos han sido purgados desde que Xi Jinping llegó al poder
Ha consolidado su poder persiguiendo con mano dura a altos cargos y pequeños cuadros corruptos
China confirma su giro autoritario con la coronación de Xi Jinping
En la década que lleva en el poder, Xi Jinping se ha erigido en el mandatario más fuerte de China desde Mao. Para ello, no solo ha aplastado a los disidentes que pudieran plantear algún tipo de oposición política, sino, lo que es más ... importante, a sus rivales dentro del Partido Comunista, que celebra su XX Congreso para perpetuarlo en el cargo. Muchos de ellos han caído en su feroz campaña contra la corrupción, que ha purgado a 4,65 millones de funcionarios y cuadros desde 2012, según los datos difundidos por la Comisión Central para la Inspección Disciplinaria.
Cuando Xi tomó el poder hace diez años, aquel XVIII Congreso del Partido Comunista tuvo que retrasarse hasta noviembre por el terremoto del 'caso Bo Xilai', el popular dirigente caído en desgracia después que su esposa asesinara al socio británico que les ayudaba a sacar el dinero negro de China. Una trama de película que aireó los trapos sucios de la élite y puso el colofón a la corrupción rampante durante el mandato de su antecesor, Hu Jintao.
Muy deteriorado a sus 79 años, con la boca entreabierta y como ausente, el propio Hu tuvo que escuchar durante la apertura del Congreso las críticas de Xi Jinping a «los problemas que antes no se atajaban». A pesar del velado escarnio público ante los casi 2.300 delegados congregados en el Gran Palacio del Pueblo, no ha sido lo peor para Hu Jintao. Tras dejar el cargo, tuvo que tragarse las cadenas perpetuas por corrupción al máximo responsable de la Seguridad en su época, Zhou Yongkang, y a su jefe de gabinete, Ling Jihua, así como la purga al número dos del Ejército, general Xu Caihou, fallecido durante la investigación. Con su procesamiento, Xi Jinping rompía la línea roja que protegía hasta entonces a los antiguos dirigentes, que eran intocables.
Tigres y moscas
Junto a ellos, han sido castigados 533 funcionarios de la administración central y decenas de miles pertenecientes a departamentos provinciales y locales. Usando la corrupción como arma política, la campaña de Xi Jinping ha puesto en el objetivo a «tigres y moscas», en referencia tanto a los altos cargos como a los pequeños cuadros.
Apenas un mes antes del Congreso, fueron condenados a muerte por corrupción, pero con la pena suspendida por cadena perpetua, el que fuera ministro de Justicia entre 2018 y 2020, Fu Zhenghua, y algunos de sus colaboradores, como el viceministro Sun Lijun. Por aceptar sobornos de empresarios, otros procesados de renombre son Zhou Jiangyong, secretario del Partido Comunista en Hangzhou, la ciudad sede de Alibaba y corazón del comercio por internet en China, y el vicesecretario en la provincia industrial de Jiangsu, Zhang Jinghua.
Además de en la esfera política, las purgas han sacudido al sector bancario, los seguros, la judicatura y hasta la industria de los semiconductores, a la que Pekín ha destinado fondos multimillonarios para desarrollarla y que sea autosuficiente. En 2020, y después de dos años desaparecido, fue sentenciado a trece años y medio el exjefe de la Interpol, Meng Hongwei, por aceptar sobornos por valor de casi dos millones de euros.
Infracciones
Pero los castigos no se deben solo infracciones económicas, sino también disciplinarias, ideológicas o incluso religiosas. Según recoge el periódico 'South China Morning Post', por este motivo fue destituido un funcionario de Cantón (Guangzhou), Xi Xiaodan, ya que el Partido Comunista es oficialmente ateo y define como 'superstición' al budismo, la religión mayoritaria en el país.
Entre las causas ideológicas, la Comisión Central para la Inspección Disciplinaria suele citar «hablar mal de las políticas del Partido», «abandonar los ideales y convicciones» y «ser desleal al presidente Xi Jinping». De menor categoría, otra violación de las normas consiste en leer libros prohibidos sobre los políticos chinos y sus familiares, como los que se venden en Taiwán y antes en Hong Kong. Por tratar temas imposibles de ver en China continental, los compraban en masa los turistas que salían del país. Pero esta curiosidad se volvió peligrosa cuando cinco editores de Hong Kong desaparecieron a finales de 2015 y luego reaparecieron confesando sus delitos en la televisión estatal china.
A pesar de estas purgas masivas, Xi Jinping ya ha avanzado que la lucha contra la corrupción seguirá porque es crucial para que el Partido Comunista sobreviva. Y él también.
Pekín retrasa la publicación de los datos económicos
El martes tenían que haberse publicado los últimos datos trimestrales de la economía china, como el Producto Interior Bruto (PIB), las ventas al por menor, la producción industrial y el paro. Pero, justo un día antes, el Buró Nacional retrasó su anuncio sin dar razón alguna. Lo mismo ocurrió el viernes pasado con las cifras del comercio mensual, lo que ha extrañado a muchos analistas y llevado todavía más incertidumbre a los mercados. Detrás de esta demora se halla, sin duda, la celebración del XX Congreso del Partido Comunista. Pero lo que aún está por ver es el motivo: si se debe a que los datos no son buenos o a que el régimen no quiere que nada desvíe la atención de este cónclave histórico, en el que Xi Jinping se perpetuará en el poder.
Pueden ser ambos factores. La economía china está sufriendo mucho por las restricciones y confinamientos de la política de Covid 0 y en el segundo trimestre cayó un 2,6 por ciento con respecto al primero. Tal bajón provocó que el crecimiento interanual fuera solo del 0,4 por ciento, dificultando el objetivo de alcanzar este ejercicio un aumento del PIB en torno al 5 por ciento.
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