El bar de Mou
Marketing y glamour
«En el entretanto, el Comité de Ética de la UEFA (no es un sketch de Pantomima Full), en los ratos libres que le dejan su investigación del caso Negreira, investigará también la celebración de Rüdiger, de Ceballos, de Vinicius y de Mbappé al final del Euroderbi»
Y al séptimo día descansó

Se lo dijo Salvador Boix, flautista de flauta travesera y apoderado de José Tomás, a un revistoso taurino de la crítica selecta: «Desengáñate, Fulano: los toros son marketing y glamour». Como el fútbol, según el Relato culé, que es el que, al menos desde el ... tardofranquismo, manda en la Españeta mediática, con los resultados que todos conocemos.
En el último partido liguero, el Barcelona-Osasuna aplazado, se habla de una alineación indebida de Iñigo Martínez, que los navarros, que jugaron con los suplentes, han reclamado, y de un penalti de carretera a Olmo, el futbolista gubernamental, que el propio Olmo hubo de tirar dos veces para anotarlo. En imágenes de un cronista habanero del modernismo:
–Los dos tortolitos hicieron su nido pajita a pajita.
Pajita a pajita, puntito a puntito, el nido liguero va tomando forma alrededor de Flick, un 'homo heidelbergensis' que no entiende nada, pero que está encantado porque lo llevan en volandas a la 'glo-gloria' del dame pan y llámame palurdo, que lo es (en el club del 'disseny' no debería vestir como un mecánico ayudante en el taller de Antonio Cobas).
–¡Es la imagen, estúpido! –diría aquí James Carville.
Por la imagen andan peleando algunas provincias que quisieran constituirse en sedes del Mundial 2030, número maldito ya por tantas cosas. Los birlibirloques para que Anoeta le arrebatara el honor a Balaídos le ha costado la dimisión a una tal Tato, para que no se diga que en España no dimite ni el Tato, torero sevillano famoso por su don de gentes (especie de padre Ángel o de chef José Andrés de su época) y por su suspiro épico de «¡Adiós, Madrid!» cuando el cirujano se disponía a amputarle la pierna herida por asta de toro: el torero, al decir de Márquez, su mejor retratista, renunció a la anestesia del cloroformo, conformándose con fumar un cigarro cuando el serrucho marcaba el corte unos cuatro dedos por debajo de la rodilla, umbral del dolor equiparable al mostrado por Iñigo Martínez jugando contra Osasuna menos de cinco días después de abandonar lesionado el Combinado Autonómico. La pierna amputada del Tato, la más famosa hasta que Jesús Quintero dedicó un programa de 'El perro verde' a Jon el Cojo Manteca, fue expuesta durante semanas en un barril de formol en el escaparate de una farmacia de la calle de Fuencarral esquina a la del Desengaño. El Tato intentó seguir toreando con una pierna artificial que le hicieron en Londres, pero no pudo ser. Con un Uribes (aquel ministro de Cultura que almorzaba rabo de toro de Casa Salvador en su despacho de la Casa de las Siete Chimeneas) en un Consejo Superior de Toros, el Tato habría vuelto a torear, igual que Olmo ha vuelto a jugar.
Uribes es la viva (y tudesca) imagen de nuestro fútbol, enredado en el Mundial 2030, número maldito ya por tantas cosas, en sardana con Portugal y Marruecos, un país mezcla, al decir de Patton, de Hollywood y la Biblia, razón por la cual las maras mediáticas andan al quite con la cosa del marketing y el glamour. El extremo Lamine tuvo un error de imagen bajándose el pantalón para celebrar su gol a… los Países Bajos (¡menuda mina conceptual, aquí, para el humor conceptista de Broncano!), y todos salieron a explicarnos que el gesto no era doloso, como los de Vinicius, sino lúdico, sacado del 'Homo ludens' de Johan Huizinga, holandés como Van der Vaart, el exfutbolista que al parecer había excitado los ánimos del Pequeño Tim.
En el entretanto, el Comité de Ética de la UEFA (no es un sketch de Pantomima Full), en los ratos libres que le dejan su investigación del caso Negreira, investigará también la celebración de Rüdiger, de Ceballos, de Vinicius y de Mbappé al final del Euroderbi, que habrían respondido con gestos 'obscenos' a la ovación con que la deportiva afición atlética, orgullosa por la clasificación europea de otro equipo español, despedía a los jugadores madridistas. A Vinicius se le acusa concretamente de hacer con los dedos la seña del 15-0, obscenidad que podría llevar al cierre del museo donde se exhiben las orejonas, y trasladarlas a una nave secreta del Polígono Cobo Calleja.
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