El destierro de Ovidio: una tarea pendiente
Taller de reeducación literaria
Fue el primer César quien tuvo el tino de desterrar al poeta por la vulgaridad de uno de sus libros y, dicen las malas lenguas, por haber fisgoneado en secretos de alcoba imperiales
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La 'Metamorfosis', del poeta romano Ovidio, ha pasado a la historia por ser el mayor compendio de mitos griegos que ha sobrevivido hasta hoy y que todavía es venerado entre los sectores más retrógrados de nuestra sociedad.
Los que estamos a la vanguardia de ... los tiempos –incluidos los hombres deconstruidos y exmachistas, que en realidad estaríamos a la retaguardia de la vanguardia feminista–, sabemos bien que el libro de Ovidio no es sino un prontuario criminal y sexista adornado con seres sobrenaturales.
Aunque los eruditos en historia antigua suelen ver en la llegada de los césares el inicio de la decadencia del imperio romano, la historia de Ovidio puede ayudarnos a matizar esta apreciación. Pues fue el primer César quien tuvo el tino de desterrar al poeta por la vulgaridad de uno de sus libros y, dicen las malas lenguas, por haber fisgoneado en secretos de alcoba imperiales. En este sentido, no es un desatino que nos planteemos en esta avanzada progresista continuar la labor de Augusto y completar el destierro del innoble vate.
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Las razones exceden el catálogo de incestos, violaciones y acosos de la mentada 'Metamorfosis'. Cuando uno revisa sus obras 'menores' –uso las comillas como una concesión, porque todas las obras de Ovidio son menores–, no puede sino indignarse de la desfachatez y conchupancia del mundo editorial con la peor cara de Occidente.
Me refiero a esa retahíla de opúsculos cuyos títulos deberían bastar para arrojarlos a la hoguera: 'Amores', 'Arte de amar', 'Sobre la cosmética del rostro femenino' y 'Remedios contra el amor'. Este último es el más nefasto de todos y debería titularse, simplemente, 'Remedios contra las mujeres'. Yo supongo que debió de haber sido como la revista 'Hola' de los machitos del mundo grecolatino.
Allí, el exiliado de Tomis, se dedica a dar consejos a los hombres sobre cómo curar el mal de amores. Una de las más viles es la de visitar a la amada muy temprano en la mañana «cuando aún no se haya arreglado para nadie […] la propia mujer es una pequeña parte de su apariencia. A veces te preguntarás dónde está, en medio de tanto atalaje, la prenda de tus amores». Este un pasaje que resulta escandaloso en el contexto de la propia obra de Ovidio, quien en su opúsculo anterior se dedica a ponderar las virtudes del maquillaje en las mujeres.
Lo mismo sucede en otro pasaje donde el poeta aconseja al hombre despechado que desvíe «hacia la esfera del mal las cualidades de la amada y engaña a tu propio juicio aprovechando la estrecha línea de separación. La llamarás 'gorda' si está un poco rellena, y si es morena 'negra'». Recomendación que contradice palabra por palabra lo expresado en 'El arte de amar' donde Ovidio predica lo siguiente: «dejad de reprochar a vuestras amadas sus defectos […] llamarás 'morena' a la que sea más negra por su raza […] y a la que esté gordita, 'rellenita'».
No faltará quien objete que ambos textos son humoradas que se anulan la una a la otra. Esto puede ser cierto siempre y cuando recordemos que el humor es una herramienta más de opresión. Y que al igual que la obra de Ovidio, debería quedar desterrado para siempre.
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