El secreto de Gianluigi Colalucci para desvelar la realidad de la Capilla Sixtina
Tras una década de trabajo para recuperar los tonos de las pinturas de Miguel Ángel, el italiano colaboró también en los trabajos de restauración del Casón del Buen Retiro

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Más de una década llevó al italiano Gianluigi Colalucci –fallecido este martes, a los 92 años– devolver la vida y el esplendor a los frescos que Miguel Ángel había bosquejado cinco siglos antes en la Capilla Sixtina. Su restauración (la «del siglo», como la llamaron por entonces) comenzó a principios de los ochenta y, un lustro después, ya se atisbaban las primeras luces. «Tres expertos recuperan la verdadera pintura de Miguel Ángel», explicaba Miguel Castellví en las páginas del diario ABC en 1985.
La tarea era un verdadero reto, como bien explicaba el corresponsal de ABC en Roma, pues «para algunos podría parecer sacrílego atreverse a “tocar” la inmortal obra del florentino». Pero también era necesaria. Junto a él, jefe de los laboratorios de restauración del Vaticano, trabajaron Maurizio Rossi o Piergiorgio Bonetti.
Según Castellví, el trabajo consistía en «limpiar los 1.200 metros cuadrados que constituyen una de las mayores obras de arte de todos los tiempos»; recuperar, en definitiva, «para toda la Humanidad la verdadera pintura de Miguel Ángel, oculta bajo la capa de hollín y de polvo acumulada». A su vez, debían purgar la «cola animal aplicada hace trescientos años para fijar los colores». Un material que daba a los frescos el tono ocre que tenían hasta entonces y que se había atribuido de forma errónea al pintor por muchos críticos. Así lo explicaba por entonces el propio Colalucci: «Se afirmaba que Miguel Ángel, escultor antes que pintor, no estaba muy ducho en la técnica del fresco. Ahora se puede afirmar que en realidad era también un maestro del fresco y prácticamente no retocaba lo que hacía».

Por tanto, a lo largo de la restauración, Colalucci no solo recuperó una parte de la Capilla Sixtina, sino también la honra del pintor. «Dominaba hasta tal punto la técnica que daba relieve y volumen a las figuras de modo “fotográfico”: primeros planos muy pálidos, pero muy precisos. Segundos planos más oscuros y evanescentes, como desenfocados», añadía en aquellos años el restaurador.
Su arma secreta fue el «ab 57», un disolvente calificado como «mágico» en las páginas de este diario que eliminaba la capa de suciedad sin deteriorar la obra maestra que había debajo. Pero, como daga vizcaína (esa que los tercios utilizaban para dar la puntilla a sus enemigos), el experto solo tenía la paciencia y el tiempo. Así, en el primer lustro bosquejó las bovedillas y, a continuación, la cámara principal.
Los trabajos con el Juicio Final se extendieron hasta abril de 1994, cuando el mismo Santo Padre desveló, con orgullo, el resultado al mundo. «Juan Pablo II inauguró ayer la restauración de los frescos de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina», explicaba este periódico. El mismo Papa se quedó «maravillado» por el resultado y aprobó sin reservas la labor de Colalucci. «La Santa Sede expresa su cordial agradecimiento por el espléndido resultado conseguido», añadió. Como curiosidad, entró en la polémica sobre los desnudos de los frescos y señaló que era necesario convertir el edificio en «el santuario de la teología del cuerpo humano». En 1999, cinco años después, se puso punto final con la restauración de las paredes.
Lo llamativo es que, como a veces le sucede a los genios, Colalucci encontró la solución a los problemas de la Capilla Sixtina por mera fortuna. «En 1978, el restaurado jefe, mientras se dedicaba a la limpieza de los retratos de los Papas, no pudo resistir la tentación de aplicar a la pintura de Miguel Ángel la técnica experimentada entre 1964 y 1974 en los ciclos pictóricos que formaban parte de las paredes laterales», desvelaba ABC. En principio, el italiano limpió solo un trozo minúsculo, del tamaño de un sello, pues estaba casi atemorizado por lo que pudiese ocurrir. Sin embargo, esa pasada permitió desvelar los tonos vivos que el tiempo había ocultado. Aquello cambió su vida para siempre.
Trabajos en España
Colalucci también fue requerido en España para la restauración de la cúpula de la Virgen de los Desamparados de Palomino, en Valencia, y por el Museo del Prado para asesorar en los trabajos de limpieza y consolidación de las pinturas de Lucas Jordán situadas en el casón del Buen Retiro, que a principios del siglo XXI fue sometido a una profunda restauración. ABC Cultural aprovechó la ocasión para charlar con el célebre restaurador sobre el reto español y los problemas en general que afronta la conservación del patrimonio en una entrevista que se publicó el 23 de septiembre del año 2000.

El artículo firmado con Pedro Corral contextualizaba en clave de ironía la gran aportación de Colalucci a la Historia del Arte: «Un algodón empapado en agua destilada y disolvente, que fue su instrumento inseparable en la limpieza de los frescos de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina». En la entrevista el italiano advertía del peligro de las falsificaciones en la actualidad: «Por suerte o desgracia, la gente se está acostumbrando a las réplicas»
«Cuando recuerda aquella meticulosa labor en la capilla Sixtina inclina la cabeza hacia arriba y encorva el cuerpo, como si estuviera de nuevo,bajo la presión de aquel cielo raso genial. No resulta difícil rememorar entonces aquel Buonarroti figurado por Charlton Geston, que desafiaba al vacío abierto bajo sus pies pintando la Creación. Podría decirse que la mirada de Colalucci es de una serenidad profunda, embebida como está aún de la contemplación y del vértigo estético de aquéllos frescos», escribía Corral para introducir la charla.
Preguntado por la que en esas fechas iba a ser la inminente inauguración de una reproducción de las Cuevas de Altamira, el maestro restaurador se mostró desconfiado con la moda de las réplicas que también azotaba Italia: «A veces es una desilusión contemplar en persona un cuadro que has visto en un libro esplçendidamente reproducido bajo una luz estudiada. Es inimaginable hoy lo que se podrá hacer en un futuro en el campo de las réplicas con las tecnologías visuales. Hoy no podemos pensar en una reproducción de la Esfinge de Gizeh, pero mañana a lo mejor es una realidad».
Debido a problemas estructurales. las obras de restauración del Casón del Buen Retiro se fueron dilatando en el tiempo. Tres años después, Colalucci volvió a repasar en las páginas de ABC la situación de las obras con motivo del premio internacional Cristóbal Gabarrón de Restauración y Conservación que recibió por su labor en los frescos de la Capilla Sixtina y, charlando en esta ocasión con Juan Vicente Boo, tuvo ocasión de hablar de cómo había envejecido con los años las críticas que le habían acusado en Italia de «repintar» los frescos del Vaticano:

«A decir verdad, se han suspendido, en el sentido de que quienes se oponían a nuestro trabajo mantienen su postura. De hecho, algunos son los mismos que ahora critican la limpieza del David de Miguel Ángel en Florencia. Pero, como el resultado de la Capilla Sixtina está a los ojos de todos, ya no hay escándalo, ni siquiera entre la gente que acude por primera vez y se sorprende ante la intensidad de los colores. Nosotros nos hemos limitado a limpiar y a retirar una veintena de ropajes añadidos en los siglos XVII y XVIII para tapar desnudos».
Al respecto de la situación de la restauración en España en comparación a Italia, el maestro, buen conocedor de cómo se trabajaba en cada país, descartaba que hubiera grandes diferencias en cuanto a tecnología o experiencia:
«En realidad, las técnicas son sencillas. Lo que es complejo en la restauración moderna es toda la parte científica de apoyo, que se ha desarrollado mucho y donde se continúa innovando en muchos aspectos gráficos, digitales, informáticos, etcétera. En lo que es estrictamente técnica de restauración, se tiende a reducir todo lo posible la intervención. Y a usar técnicas sencillas, muy probadas. Es decir, se procura mantener una actitud poco invasiva».
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