«El desertor»: Qué hacer cuando sabes que vas a perder la guerra
Beta Film rescata la novela póstuma de Siegfried Lenz, con tintes biográficos, en la que cuenta cómo un joven alemán se cambió de bando

Son muchos los periodistas y analistas que durante estos días echan la vista atrás para intentar vaticinar qué ocurrirá después de la cuarentena en la que está sumida al menos una de cada tres personas del planeta. Hay quien asegura que la situación actual se asemeja a una guerra, hay quien lo compara con el Crac del 29. «Situaciones como esta nos recuerdan que no hay respuestas fáciles en la vida», dijo el director Florian Gallenberger a este periódico. «Mucha gente muere, pero también durante estos instantes hay personas enamorándose, niños naciendo… Es lo que tiene la vida. Las cosas más bonitas pasan justo al lado de las más horribles», añadió. El director no hablaba del Covid-19, se refería a lo que vivió al final de la Segunda Guerra Mundial a Walter Proska , un soldado detrás del que se escondió el escritor Siegfried Lenz en «El Desertor».
Siegfried Lenz se convirtió en uno de los autores más importantes de la literatura alemana de posguerra y contemporánea. Pese a esto, en su bibliografía se escondía un título que fue rechazado por la editorial con la que solía publicar y que oculta detalles biográficos. Para poder leer «El desertor» hubo que esperar dos años después de la muerte del escritor. En esta novela narra la historia de Walter Proska, un joven soldado que, tras unas vacaciones en casa, regresa al frente de batalla. Había sido asignado a una pequeña unidad de la Wehrmacht destinada a asegurar una línea de tren en el frente oriental. «Pero ese viaje cambiará su vida y nos permite hablar de un momento histórico muy importante», dijo el productor Jan Mojto . Beta Film se propuso trasladar la historia a la pequeña pantalla, en una miniserie de dos capítulos de dos horas de duración cada uno.
Un pasado común
Cualquier ciudadano europeo ha escuchado alguna anécdota bélica de sus mayores. Puede que este detalle fuera el que uniera a un equipo de rodaje formado principalmente por polacos y alemanes. «Los que estamos aquí tenemos o hemos tenido un familiar que tuvo que luchar en la Segunda Guerra Mundial . Mi abuelo murió en el este de Polonia y, pese al tiempo que ha pasado, no sabemos dónde están sus restos», reconoció el director del proyecto, Florian Gallenberger. Para recrear esos campos de batalla y algunos despachos en los que Proska tuvo que guerrear, Beta Film trasladó gran parte del rodaje en Polonia . Cracovia acogió una de las localizaciones principales de la ficción, la cual este periódico pudo visitar.
El equipo de «El desertor» restauró y acondicionó un edificio que había pertenecido al gobierno años atrás. Se trataba de un intimidante edificio que en su interior escondía un patio y en su subsuelo, búnkeres. De habitaciones abandonadas crearon despachos dignos de los altos mandatarios de los ejércitos que combatieron en la IIGM, incluso colgaron mapas de la época que adornaban estancias repletas de documentos aparentemente escritos con una Continental en perfecto estado. «Sabemos que la relación entre Alemania y Polonia no siempre ha sido bueno, pero creemos que es el momento de cambiarlo», apuntó el productor.
Amor o guerra
«El desertor» presenta a Walter Proska varado en la tierra de nadie de los bosques polacos, rodeado de partidarios, cuestionando el significado del deber, conciencia, amistad y amor. «Ese viaje de tren cambiará su vida por completo. En él conoce a Wanda, una polaca partisana de la que se enamora al instante, pero de la que no sabe con certeza si volverá a verla», explicó a este periódico Jannis Niewöhner , actor encargado de dar vida al protagonista. «Su realidad es que se encuentra en un bosque cercano a un pueblo de partisanos polacos rodeado de soldados que se están volviendo locos. Saben que van a perder la guerra y están luchando por algo en lo que no creen», continuó. Entre ellos se encuentra su único amigo, Wolfgang Kürschner ( Sebastian Urzendowsky ). «Entablan una buena relación cuando llegan a su destino, pero esta se complica cuando Wolfgang desaparece y decide cambiar de bando. Pero pronto volverán a encontrarse, cuando Proska se convierte en prisionero de los rusos. Por suerte para él, mi personaje puede liberarle», añade.
Otros casos reales
El equipo de «El desertor» ha trabajado durante meses para asegurarse de que se trataba de una historia verosímil. Siegfried Lenz impregnó de tintes biográficos la novela, pero se desconoce en qué punto se pierde la realidad y comienza la ficción. La historia que sí que es verídica es la de Fritz Schmenkel . Este alemán se convirtió en uno de los principales miembros de la resistencia contra el nazismo. Siguió las opiniones de su padre, quien fue asesinado a tiros durante una de las protestas contra el partido nazi en 1923, pese a la realidad en la que vivía. En diciembre de 1938, Fritz fue llamado a la Wehrmacht, pero se negó a prestar servicio. Alegó que sufría una enfermedad que le incapacitaba, pero eso no le libró de la prisión de Torgau.
Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, acordó unirse a la unidad que anteriormente le había llamado. En octubre de 1941, tras su puesta en libertad, Fritz fue inscrito en una escuela para comandantes de artillería junior y posteriormente enviado como parte de la 186 División de Infantería al Frente Oriental. Pero apenas un mes después se escapó de su unidad militar. Tras meses de huida, fue detenido por los soldados alemanes . Por suerte para él, ese mismo día un destacamento partidista asaltó la aldea donde se encontraban. El comandante de la guerrilla decidió mantener con vida a Schmenkel e incorporarlo a sus filas. Al principio, sus compañeros lo miraron con recelo, pero el tiempo le dio la oportunidad de demostrar su valía y un nuevo nombre, Ivan Ivanovich.
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