Crítica de 'Pan de limón con semillas de amapola': El sabor único de las lágrimas en el cine
Benito Zambrano cuenta una historia de mujeres fuertes y de gente buena, con un título engañosamente feliz

Esta película esconde una historia casi tan interesante como la trama que teje Benito Zambrano . Directora de casting habitual del cine español, hasta el punto de que este viernes se estrena también 'Way down', su último trabajo en este apartado, Cristina Campos es en realidad una guionista frustrada cuyos textos nunca terminaban de salir adelante. Lejos de rendirse, escribió la novela 'Pan de limón con semillas de amapola' , que llegó a manos del cineasta andaluz, quien no pierde ocasión de tocar el corazón del espectador. Ambos acometieron la adaptación del libro, con el que Campos ha debutado feliz como guionista y novelista.
Todo esto tendría menos valor si luego la película no fuera buena, pero este pan huele bien, sus ingredientes son de calidad y están amasados con indudable cariño. De momento, ha dejado buen sabor en unos cuantos festivales, de los que se ha traído ya varios premios.
La película transcurre en Valldemossa , un pueblecito interior de Mallorca, donde dos hermanas separadas en la adolescencia se reencuentran en su madurez para vender una panadería heredada con cierto misterio. Esa pequeña intriga y los inevitables conflictos familiares animan este retrato de mujeres fuertes y de gente buena, por lo general. El predominio femenino, tan sano, puede parecer que rema a favor de corriente, pero dar protagonismo a personajes positivos es un acto de valentía que ya estaba mal visto en tiempos de Frank Capra . Hay que ser muy fino, de hecho, para no abusar del dulce. Quizá por eso a Zambrano, que hace dramas como panes, se le va un poco la mano con la amargura y, más vale avisar, hace sufrir a su público, que por otra parte ya estará acostumbrado. No se fíen por tanto del título, engañosamente feliz, además de difícil de recordar.
Encabezan el reparto Elia Galera y Eva Martín , pero sería injusto no destacar también el trabajo de la joven Mariona Pagès y de las veteranas Marilú Marini y Claudia Faci , que está imponente. Ellos también brillan, aunque Tommy Schlesser y Pere Arquillué sean complementos indirectos.
Horneada con conocimiento, paciencia y oficio, la historia se abre paso sin abusar del juego sucio, hasta pillar al espectador con la guardia baja. Zambrano no elude también sus pequeños mensajes, miguitas que va sembrando sin perjudicar la narración: las adopciones, la maternidad, la pobreza en África… Lo esencial es que el público amigo va a llorar, un buen síntoma pese a todo. Ir al cine y no sentir nada sería muchísimo peor.
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