ABC La conquista evangélica de Latinoamérica: tocar el cielo del poder gracias a la fe
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La conquista evangélica de Latinoamérica: tocar el cielo del poder gracias a la fe

Con Pedro Castillo, el comunismo y los evangélicos ganan peso en el Gobierno de Perú. Es un fenómeno que se reproduce en otros países de América Latina, donde el catolicismo pierde fuerza ante el empuje de nuevas iglesias que ganan adeptos entre los más desfavorecidos

Carmen de Carlos

El vídeo apenas tiene siete minutos, pero su dimensión es enorme. En la iglesia del Nazareno, en el municipio peruano de Tacabamba, provincia de Chota, Lilia Paredes , la primera dama de Perú, y sus tres hijos, Alondra, de 9 años; Arnold, de 16, y Jennifer, de 23, reciben la imposición de manos (bendición) de un grupo de pastores evangélicos. La «homilía presidencial», como bautiza el acto el líder, representa el agradecimiento por la victoria en las urnas de Castillo. «Confiamos Padre Santo que tú estarás en el palacio y estarás con ellos», asegura con voz firme.

La matriarca, con un poncho abierto claro y sus hijos, recibe la bendición arrodillada. De fondo, un murmullo constante de rezos y súplicas enjugadas en lágrimas –«Ayúdanos, Señor, no nos dejes solos…»– se mezclan en el audio del micrófono. Entre los fieles apenas se aprecia alguna mascarilla. Están juntos en un templo humilde como esa parte del Perú profundo. La ceremonia termina con abrazos y besos a la familia que, según el pastor, ha llegado al poder por la gracia de Dios. «Cada vez que ellos regresen, será una celebración», anuncia.

El presidente de Perú es el único ausente en el templo. Castillo es católico y un ultraconservador de la llamada ‘agenda moral’, pero, a diferencia de su mujer y sus hijos, no comulga con ninguna iglesia evangélica. El matrimonio se conoció en el colegio y formalizó su noviazgo el último año. Después vino la boda y sus caminos, únicamente en lo religioso, se distanciaron, sin que ello provocara un cisma familiar. En las cuestiones de fondo, están de acuerdo: educación tradicional, rechazo al matrimonio igualitario, oposición al aborto y desconocimiento del colectivo LGTBI.

Hasta ahora, se hablaba de la influencia del comunismo y de los vínculos o simpatías del entorno de Castillo con Sendero Luminoso, el grupo terrorista de origen maoísta que sembró el terror en Perú, hasta entrada la década de 1990, con más saña que las FARC en Colombia. Ahora, el periscopio de la inquietud informativa amplía su radar a un fenómeno que, sin duda, influirá en la gestión del Ejecutivo: la penetración en la primera magistratura de los evangélicos.

El escenario de Perú resulta inédito en lo político y lo religioso. En el primer campo no hay precedentes del triunfo de un candidato, salido de las entrañas de la tierra y con escasa formación académica e intelectual, pese a ser profesor de escuela. Tampoco de un jefe de Estado tan orientado a la izquierda revolucionaria. En el ámbito religioso, nunca antes un presidente del país ha llegado a la Casa de Pizarro –que convertirá en el Ministerio de las Culturas para romper con «los símbolos coloniales»– acompañado de una familia evangélica. En busca de alguna similitud, vale recordar el triunfo de Alberto Fujimori en 1990 con el apoyo de la Iglesia Bautista. Cincuenta fieles de este credo figuraban en sus papeletas al Congreso, además del difunto pastor Carlos García y García, que fue elegido vicepresidente segundo.

Muy influyentes

Lo excepcional en Perú lo es cada vez menos en las Américas. José Luis Pérez Guadalupe, autor del ensayo ‘¿Políticos evangélicos o evangélicos políticos? Los nuevos modelos de conquista política de los evangélicos en América Latina’, define estas congregaciones como «todos los grupos cristianos de tradición protestante que, en mayor o menor medida, centran su actividad eclesial en la labor evangelizadora y conversionista». Su expansión, formidable en los últimos cincuenta años, alcanzó su punto álgido en 2018. Ese año, reseña, «significó la consolidación de las iglesias evangélicas como los nuevos actores políticos en América Latina». Algunos ejemplos ilustran esta afirmación: en 2018 «un diputado y cantante evangélico, Fabricio Alvarado, ganó sorpresivamente la primera vuelta electoral en Costa Rica».

La conquista evangélica de los corazones y el voto se produce «a costa del decrecimiento católico a partir de la década de 1970», observa Pérez Guadalupe. «Todos los datos –añade– muestran que se está dando una caída sostenida del catolicismo en América Latina y, a su vez, un crecimiento evangélico casi en la misma proporción del decrecimiento católico, sin olvidar que los latinoamericanos sin afiliación religiosa son el segundo grupo en crecimiento» .

En México, las agrupaciones evangélicas crecieron un 35 por ciento en la última década, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Ineg). El censo de 2010 identificaba a más de ocho millones de mexicanos que se declaraban protestantes, pentecostales, cristianos o evangélicos. La Iglesia La Luz del Mundo, fundada en 1926, posee empresas en el sector inmobiliario, cultural e informativo. Su líder, Naasón Joaquín García, continúa detenido en Estados Unidos, acusado, entre otros delitos, de violación de menores y tráfico de personas.

Brasil, el país con más católicos del mundo, perdió a muchos en casi dos décadas, y entre el 22 y el 27 por ciento de su población se ha unido hoy a iglesias evangélicas. Paraguay y Ecuador, por ahora, son los únicos de la región que supera el 80 por ciento de ciudadanos católicos. En Uruguay, los evangélicos no parecen haber encontrado un nicho tan amplio, porque el 41 por ciento sigue siendo fiel al Vaticano. La tendencia que gana enteros allí es el agnosticismo o la ausencia de filiación religiosa, que alcanza un 38 por ciento. Dicho esto, y según un informe publicado este mes en ‘El País de Uruguay’, los evangélicos «son más de 300.000 y tienen 1.400 iglesias».

Inquietud en Roma

Atento a esta evolución, el primer viaje del Papa al extranjero fue a Brasil en 2013 para asistir en Río de Janeiro a la XXVIII edición de la Jornada Mundial de la Juventud. Dos años más tarde, con un claro espíritu evangelizador, el Sumo Pontífice buscó revertir la pérdida de fieles con viajes a Ecuador, Bolivia, Paraguay, Cuba y Estados Unidos. A México –el presidente, López Obrador, se ha mostrado próximo a estas iglesias– llegó en febrero de 2016; a Colombia, en 2017, y a Perú y Chile, en 2018. En esta última escala, la visita del Papa Francisco estuvo precedida de la quema de iglesias por grupos mapuches y empañada por las críticas a su acompañante, el luego cesado obispo de Osorno Juan Barros, acusado de encubrir los actos de pedofilia del sacerdote Fernando Karadima, que falleció hace poco más de un mes.

El ascenso al poder de los evangélicos, en sus distintas vertientes, se registra en toda la región. Hasta el presidente de Chile, el católico Sebastián Piñera, incorporó cuatro ‘obispos’ a su equipo de campaña. En Brasil, cuna de nacimiento de esta gran familia numerosa que son los evangélicos –y donde cada hijo tiene personalidad propia–, la primera dama, Michelle Bolsonaro, es su mejor, aunque no única, representante. También Damares Alves, la ministra de Famillia y Derechos Humanos. Pese a haber padecido abusos en su infancia por un predicador, la también predicadora no perdió la fe en su iglesia pentecostal. Se trata de una de las más adineradas, junto a la neopentecostal.

Bolsonaro se declara católico pero, como recordaba la corresponsal Verónica Goyzueta en ABC, se bautizó en el río Jordán con un rito evangélico. Los analistas coinciden en que sin ese apoyo nunca hubiera logrado suceder a Dilma Rousseff. Quizá puede decirse lo mismo de la expresidenta de Brasil y de Lula da Silva, que busca un compañero de fórmula evangélico para su regreso al Palacio de Planalto. Repetir la experiencia del 2003 con alguien como el fallecido José Alencar prácticamente le despejaría el camino al poder. El difunto, un empresario que amasó una importante fortuna, pertenecía al Partido Municipalizado Renovador (PMR), creado por la poderosa Iglesia Universal del Reino de Dios, con millones de seguidores en el mundo.

Poder mediático

El ‘obispo’ neopentecostal que controla la Iglesia Universal del Reino de Dios es Edir Macedo, un extrabajador de lotería y propietario de la cadena de televisión brasileña Record, que cuenta con una gran audiencia y es un lugar de paso obligado para los candidatos presidenciales a todas las elecciones. Los medios de comunicación son otro eslabón de esta cadena de confesiones evangélicas que se cierra con puestos de poder en la política, el poder judicial y el legislativo. Radio Aleluya es uno de sus altavoces, una cadena con más de 90 emisoras y cobertura en cerca del 75 por ciento de Brasil, un país con tamaño de continente.

Las polémicas también existen más al sur. ‘El Reino’ es el título de la serie que ha hecho furor este verano en Argentina, una ficción que retrata los vínculos entre el poder político y las iglesias evangélicas. Airada por su tono crítico, la Alianza Cristiana de las Iglesias Evangélicas de la República Argentina (Aciera) acusó a su guionista, Claudia Piñeiro, de mostrar «encono» contra los evangelistas por su «militancia feminista» y de «inventar una ficción con el fin de crear en el imaginario popular la percepción de que quienes lideran esas comunidades religiosas solo tienen ambiciones de poder o dinero».

Por su parte, Piñeiro, en declaraciones a Radio Continental, defendió su trabajo y resumió: «’El Reino’ es una ficción de una familia de pastores evangelistas. Hay en la región una especie de unión entre religión y partidos políticos, que obviamente no abarca a todas las iglesias, pero creo que nosotros lo reflejamos muy bien en los personajes».

Solidaridad y lujo

De México a la Patagonia, la andadura de los evangelistas empezó con lo que se conoce como los ‘templos de garaje’, instalaciones que recuerdan al lugar donde se grabó el vídeo de la familia de Castillo en Perú. Son espacios que suelen abrirse en la periferia de las ciudades, lugares marginales y humildes donde se atienden casos de violencia familiar, adicciones, se ofrece apoyo psicológico o laboral y se brinda refugio en hogares a los menores en dificultades.

Es esa faceta de los evangélicos, la que da consuelo a los más desfavorecidos o a los presos en las cárceles, la que les proporciona más apoyos entre las capas de población más humildes. Pero hay otra. Sobre todo en Brasil, donde muchos de sus líderes hacen gala de su opulencia, que sus defensores justifican al compararla con las catedrales católicas y el lujo del Vaticano.

El Templo de SalomónABC

El Templo de Salomón, en Sao Paulo, es uno de los más emblemáticos y pertenece a la Iglesia Universal del Reino de Dios. El solar abarca más de 100.000 metros cuadrados y la edifición, faraónica, unos 74.000. Construido con piedras traídas de Jerusalén, tiene aparcamiento para unos mil vehículos. Su fachada principal supera los 55 metros de altura, como si intentara tocar el cielo. En su interior, los pastores visten de blanco; en el exterior, los agentes de seguridad llevan traje de chaqueta negro. Se lo conoce popularmente como el ‘Maracaná de la fe’. Por allí pasaron los últimos presidentes de Brasil y buena parte de los candidatos. La ecologista y candidata presidencial Marina Silva, miembro de la iglesia evangélica Asamblea de Dios, con 12 millones de seguidores, prefirió no ir, afirmando que no deseaba mezclar religión y política.

Tratar de hacer un todo con los evangélicos, como se puede con los católicos, no es posible. Francisco Petros, analista de la Universidad Getulio Vargas de Sao Paulo, recordaba: «Están muy divididos. No son ni piensan todos lo mismo. Hay diferentes tendencias, unas más conservadoras que otras». En cuanto a la influencia en el voto, consideraba que «los fieles no siguen de forma incondicional el de sus pastores». Pero pedir, lo piden.

En un informe del Real Instituto Elcano, Carlos Malamud resume: «El deterioro de la política, de los partidos tradicionales –especialmente de la izquierda– y de las instituciones democráticas, junto al retroceso de la iglesia católica en la mayor parte de la región, han colaborado a este despegue» de los evangélicos. Las causas están claras. Las consecuencias están por ver.