HISTORIAS CAPITALES
El conserje de un colegio que capitaneó la lucha de Villaverde contra la droga
En los primeros 90, la oposición vecinal a los núcleos chabolistas convertidos en supermercados de heroína acabó en ocasiones en auténticas batallas campales
Plaga de heroína en Villaverde Alto: una veintena de nuevos 'narcopisos' incrementa la inseguridad en el barrio

Hubo un tiempo en que el consumo de heroína arrasaba los barrios más populares y desangraba a su juventud. Ante la impotencia y la desesperación de los vecinos, padres y madres de muchos de los enganchados. Pero de la resignación se pasó a la indignación y a la protesta, y en algunas ocasiones éstas acabaron en trifulcas sonadas. Como la que tuvo en vilo al distrito de Villaverde, en una lucha de David contra Goliat encabezada por un líder vecinal, Nicanor Briceño, que pasó de ser conserje de un colegio a capitanear una auténtica revuelta ciudadana ante la falta de soluciones.
Fueron los años 1991 y 1992 los que concentraron más protestas vecinales por este asunto. En Villaverde en concreto, el conflicto vino por la decisión de trasladar a los habitantes del núcleo chabolista gitano de Los Focos, en San Blas, a un nuevo asentamiento que iba a construirse en Villaverde, Los Molinos. Y al que los vecinos se opusieron con todas sus fuerzas: hicieron protestas, plantearon caceroladas en la plaza de la Villa, organizaron varias manifestaciones, cortaron las obras en la zona y tuvieron muchos enfrentamientos con la Policía, algunos de gran violencia.
En medio de la bronca general, se intentaron todo tipo de acuerdos: hasta los patriarcas gitanos se reunieron en la Delegación del Gobierno con el representante vecinal para garantizar que no se instalaría en el nuevo poblado ningún traficante de droga. Pero nadie en Villaverde terminaba de fiarse de las promesas, y la protesta seguía: una gran marcha desde varios barrios afectados por la droga -Villaverde, San Fermín, Vicálvaro, Usera, Entrevías y Vallecas- les reunió en el mes de octubre de 1991.
Autobuses atravesados
Los seguidores de Briceño intentaron cortar la A-IV y la cosa acabó con varios heridos, tanto entre vecinos como entre policías. Hasta un antidisturbios, publicaba ABC, resultó apuñalado por un toxicómano que se topó con la manifestación y las cargas policiales e intentó escapar de allí cuchillo en mano. En noviembre, más de lo mismo: nueva protesta por las calles del barrio, con autobuses atravesados formando barricadas y contenedores de basura arrojados a la vía pública, mientras la Policía cargaba contra los residentes y hasta, denunciaban, rompían los portales para entrar detrás de ellos en las fincas.
«Pasaremos todos, porque esto es un edificio público», dijo Briceño a los antidisturbios que le impedían entrar en la junta de Villaverde
En diciembre de 1991 hubo una manifestación que acabó ante la junta del distrito cuando dentro se celebraba un pleno. Una barrera de antidisturbios hacía de barrera para impedir la entrada de los vecinos, y ante la presión, se ofreció que pasaran los representantes. Briceño, tan combativo como siempre, arengó: «Pasaremos todos, porque esto es un edificio público». Tras varios minutos de patadas, empujones y golpes, entraron por la fuerza e interrumpieron el pleno, donde el representante vecinal tomó la palabra para recordar sus reivindicaciones, mientras las concejales Lola García Hierro (PSOE) y Esperanza Aguirre (PP) se abroncaban mutuamente.
1992 comenzó en Villaverde como acabó el año anterior: con un problema de orden público que había estallado. En febrero miles de personas volvieron a lanzarse a la calle contra el tráfico de drogas: no querían a los vecinos de Los Focos, y exigían desmantelar el poblado de Torregrosa, donde la droga también corría a sus anchas. Llegó marzo y con él la gran protesta, que acabó como el rosario de la aurora. La concentración era numerosa y Nicanor Briceño trató de conseguir permiso para realizar una asamblea en un descampado situado junto al poblado de Torregrosa. Se lo negaron, pero él insistió y, megáfono en mano, movilizó hacia allá a los vecinos.
Balas de goma y piedras
Se inició entonces la carga policial y la situación estalló definitivamente cuando los agentes trataron de detener a Briceño: las pelotas de goma de unos se cruzaban con las piedras que lanzaban los otros. Varios agentes, vecinos y periodistas resultaron heridos. Fue una batalla campal en toda regla.
Briceño fue trasladado a la comisaría de Retiro, y hasta allí se desplazaron centenares de vecinos, concentrados para exigir su liberación. Al día siguiente, el juez ordenó su libertad sin fianza. Seis meses después, le llegó una multa de medio millón de pesetas por desórdenes públicos, lo que llevó de nuevo a los vecinos a la calle en protesta.
Las aguas poco a poco volvieron a su cauce. El alcalde de Madrid, José María Álvarez del Manzano, realizó ese noviembre una visita al distrito acompañado por el líder vecinal. Sin prensa, sin fotos; sólo paseando el barrio y empapándose de primera mano de sus problemas.
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