PALABRAS CONTADAS
Política cultural ya es entelequía
Conciben hoy la cultura como combate (Urtasun dixit), altavoz del credo y humillación al adversario
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Un gobierno tomaba una decisión sobre cualquier institución cultural importante. Los partidos de oposición asumían esa iniciativa y en el proceso legislativo trataban de mejorar el proyecto. Así funcionaba, así se amplió el Museo del Prado, se dotó de leyes al Reina Sofía y la ... Biblioteca Nacional y se reformó el Museo Arqueológico Nacional en medio de una crisis, etc. Pero esa continuidad institucional es ya de otra época, porque la política cultural como asunto de Estado ha sido la primera víctima del populismo gramsciano de derechas y de izquierdas.
Conciben hoy la cultura como combate (Urtasun dixit), altavoz del credo y humillación al adversario, como amplificador de lo que ya no se impone con persuasión y argumentos. La política cultural sirve a cada ‘secta’ bendecida por dinero público. Así fue cuando Manuela Carmena retiró de las Naves de Matadero los nombres de Fernando Arrabal y Max Aub, porque no eran exiliados de los suyos (sic). Así cuando alcaldes de Vox y del PP censuraban una obra de Alberto Conejero que hablaba de un profesor republicano represaliado.
Así cuando el Thyssen se metió a descolonizarse, excepción hecha del Mata Mua dilecto. Así cuando el Museo de América pensó que era buena idea un campamento identitario anticolonialista. Y así ha sido cuando Urtasun ha ordenado retirar «por motivos éticos» una momia de su vitrina de 130.000 euros pagados para su perfecta conservación y la ha puesto en un lugar con menor adecuación a su delicado estado. La política que votamos es una entelequia.
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