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VEOLIA

El saneamiento, un pilar básico para una sociedad saludable y sostenible

Con motivo del Día Mundial del Saneamiento, este 19 de noviembre, los expertos llaman a proteger los recursos hídricos y las infraestructuras frente a la amenaza del cambio climático.

Dani Cabezas

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Somos agua. Literalmente. Se estima que al menos el 60% del cuerpo humano está compuesto de ella, y la necesitamos tanto como respirar. El agua es vital para el buen funcionamiento de los órganos, regular nuestra temperatura, transportar los nutrientes y llevar a cabo la eliminación de todos aquellos desechos que no necesitamos, entre otras muchas funciones. 

De la misma manera, el saneamiento también está íntimamente relacionado con la salud. El acceso a agua limpia es clave para prevenir enfermedades transmitidas por el agua, como el cólera, la fiebre tifoidea, la salmonelosis o la gastroenteritis, que afectan a millones de personas en todo el mundo. 

Con todo ello en mente, cada 19 de noviembre se celebra en todo el planeta el Día Mundial del Saneamiento. Una fecha que tiene como objetivo poner en valor este salvavidas que, a menudo, pasamos por alto al vivir en una sociedad que disfruta de un nivel de salubridad relativamente reciente. No en vano, y a pesar de que los romanos ya contaban con un ingenioso sistema de letrinas públicas con agua corriente que llevaba las deposiciones hacia una red de cloacas subterráneas, no fue hasta finales del siglo XVIII cuando Alexander Cummings inventó el primer inodoro moderno, que patentó en 1775.

Tratamiento avanzado para la regeneración de las aguas residuales

Millones de razones

Hoy, garantizar el acceso al agua y al saneamiento seguros para toda la población es un mandato recogido en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), enmarcados en la Agenda 2030. Concretamente, el número 6. Y sin embargo, aún estamos lejos de alcanzarlo: según datos de OMS/ Unicef, correspondientes al año 2023, unos 3,500 millones de personas siguen viviendo sin acceso a un retrete seguro y otras 2,200 millones no tienen acceso a agua potable.

En ese sentido, España se encuentra en una buena situación frente a otros muchos países del planeta. Pero eso no quiere decir que no haya trabajo por hacer. Especialmente en tres áreas: la recogida y el tratamiento de aguas residuales, la regeneración de agua y la necesaria inversión para la renovación de este tipo de infraestructuras, con el objetivo de hacerlas más resilientes frente a fenómenos meteorológicos extremos como lluvias torrenciales y sequías. Una situación que se ha visto dramáticamente reflejada en la reciente Dana que ha azotado al levante español. 

Ecofactoría del Baix Llobregat (Barcelona), referente en economía circular a escala internacional.

“El retrete, un lugar para la paz”

Ese es el lema escogido por Naciones Unidas para la edición de este año del Día Mundial del Saneamiento. Pero más allá de simbolizar que el escusado siempre ha sido un lugar especialmente íntimo, reposado e incluso de inspiración, su elección responde a la importancia del invento patentado por Alexander Cummings para el bienestar de la población mundial. Al fin y al cabo, el saneamiento es crucial para la salud pública y del medio ambiente, lo que lo convierte en una herramienta clave para un mundo más justo y pacífico.

Se da la circunstancia de que el planeta afronta un desafío sin precedentes: la batalla contra el cambio climático. Un nuevo paradigma cuyas consecuencias, muchas de ellas aún impredecibles, afectan de manera especialmente severa a las sociedades y naciones, independientemente de su nivel de desarrollo.

Ante ese panorama, la labor de empresas como Agbar cobra aún más relevancia. La compañía, parte del grupo Veolia que actúa en los ámbitos de agua, energía y residuos, es un referente a nivel internacional en la gestión integral del ciclo del agua, contribuyendo a la transformación ecológica de los territorios. Actualmente, Agbar presta servicio de agua a 13,5 millones de personas en más de 1.100 municipios en España.

Hoy por hoy, el grupo es líder en España en la gestión del servicio de depuración, con un 23% del total de agua residual tratada en España. Además, en la gestión del saneamiento, la compañía prioriza el tratamiento de las aguas residuales para devolverlas al medio en las mejores condiciones, y ha puesto en marcha un ambicioso proceso de transformación de las depuradoras tradicionales en ecofactorías, en un modelo reconocido por Naciones Unidas como proyecto destacado en la lucha contra el cambio climático. El objetivo de estas instalaciones es regenerar las aguas residuales para darle un nuevo uso tanto en las ciudades como en la agricultura y la industria. Una práctica llamada a jugar un papel protagonista en el actual contexto de creciente escasez hídrica, y en el que Veolia cuenta con dos ejemplos de referencia a nivel internacional: la ecofactoría BioSur de Granada, gestionada por Emasagra, y la del Baix Llobregat de Aigües de Barcelona. Porque en este gran reto por el agua y la salud del planeta, cada gota cuenta.  

En la depuradora Cabezo Beaza (Murcia), el sistema de reutilización de agua está enfocado al 100% a uso agrícola.

EL INODORO NO ES UNA PAPELERA

Estamos tan acostumbrados a tirar de la cadena que a menudo no pensamos en dónde van los residuos que desaparecen por el retrete. Pero mantener unos buenos hábitos en esta parte de la casa es crucial. Por ello, Agbar recuerda la importancia de no arrojar por el inodoro residuos como colillas, aceite, toallitas higiénicas, pañales de bebés, mascarillas o medicamentos. Todo ello se traduce en atascos que conllevan un elevado coste económico: según varios estudios del sector, se calcula que los atascos provocados por las toallitas en las infraestructuras de saneamiento generan un sobrecoste entre 230 y 240 millones de euros al año. Pero, sobre todo, esa mala práctica conlleva una inasumible factura medioambiental que a menudo acaba con el vertido de aguas residuales o la aparición de objetos en los ríos y playas que nunca debieron llegar allí.